Reír a carcajadas

HABÍA UN MAESTRO en mi escuela que solía tener su propio canon de gramática personal. Naturalmente, desde el primero momento en que pronunció su primera oración en su primera clase, se convirtió en la risa de todos los estudiantes, y estimuló los cerebros altamente desarrollados de genios comediantes entre nosotros.

Los absurdos son ridículos. A veces, desencadenan una hilaridad ridículamente absurda.

Pero, ¿y si te encuentras en el otro extremo de la ecuación de hilaridad?

Cuando estaba en la escuela, solía ser muy tímido (todavía lo soy, dirían algunos, y otros se burlarían del descabellado error anterior) Solía hablar muy poco, y cada vez que abría la boca era para consumir un bollo de pollo entero, o para decir algo muy ingenioso que impactara al público. Pero esto resultaba tan incómodo (el ingenio, no el pollo) que incluso el bollo debió reírse de mí alguna vez.

Un día, después de la escuela, estaba esperando a que mi abuelo me llevara a casa. Había algunas niñas esperando conmigo, y pensé que era muy amable de parte de ellas. Una de ellas, cansada de mi continuo silencio por cerca de media hora, les propuso a las otras: “Juguemos a ver quién puede mantenerse en silencio por más tiempo.” Así que todas se quedaron calladas por un minuto, y luego se echaron a reír.

Imagíname recordando este incidente ridículamente insignificante después de todo este tiempo.

¿Puedes escuchar los ecos de un momento embarazoso en tu vida? ¿Cómo te sentías si la gente se burlaba de tu personalidad, gramática, acento, ropa, comida, o de tu peinado? Duele, ¿verdad? ¿Y qué pasaría si en una mañana soleada, abrieras tu cuenta de Facebook o tu correo electrónico, y lo primero que vieras fuera un meme que se burlara de tu nuevo corte de cabello que tanto te encantó? Probablemente, esa imagen te perseguirá el resto del día, o al menos cada vez que te mires al espejo. Y te costará dinero y miradas hirientes de tu peluquero el regresar para una revisión tan temprana.

Es precisamente por esto que el Corán nos prohíbe burlarnos:

¡Oh, creyentes! No se burlen unos de otros, porque pudiera ser que los que son blancos de las burlas sean mejores que los que se están burlando. Que las mujeres no se burlen de otras mujeres, porque es posible que las que son el blanco de las burlas sean mejores que las que se burlan. No difamen ni pongan apodos ofensivos. ¡Qué malo es comportarse como un corrupto luego de haber sido agraciado con la fe! Quienes no se arrepientan… esos son los injustos.  [Sura Las moradas, 49:11]

Iasjar (burlarse), explica el profesor Nouman Ali Khan, fundador del Instituto Bayyinah, “…es humillar a alguien en cualquier modo… su capacidad física, su peso… su acento, sus gafas, sus ropas, su vecindario, su auto, su computador, su teléfono… simplemente encuentras algo de qué burlarte. No lo hagas. No humilles a nadie por nada. La diversión sana es distinta.”

Del mismo modo, Lamaza (hablar mal de) es “encontrar defectos en alguien y sacarlos a la luz ya sean verdaderos o no… ser displicente con alguien, humillar a alguien, quitarle a alguien su confianza en sí mismo.”

No me malinterpretes. El Corán no prohíbe la diversión sana. Está perfectamente bien, incluso tal vez recomendado, reírse con la gente, pero no reírse de la gente.

Piensa en la cantidad de personas que puedes haber herido sin intención, solo por gusto, haciendo y promoviendo burlas acerca de sus características, particularidades o caprichos. Incluso pudiste creer que era una buena broma, pero puede haber herido profundamente sus corazones. No todo el mundo se defiende de ese tipo de ataques. Las personas cuyos corazones sangran se reprimirán con temor a ser ridiculizadas aún más, de ser acusadas de ser muy sensibles o delicadas.

La broma puede ser un buen levantador de ánimo momentáneo para nosotros, pero puede que regrese con su maldad, persiguiendo la risa en las vidas de quienes fueron su objetivo.

Una persona pronuncia una palabra sin pensar, y por ello, caerá en el fuego del infierno más profundo que la distancia entre oriente y occidente. (Bujari y Múslim)

¿Y qué tal si, como nos advierte Al-lah en la aleya mencionada, resulta que esta persona es mejor que tú y que yo a los ojos del Creador?

¿Qué haría una madre cariñosa si lastimas a su hijo favorito? Al-lah está por encima de toda semejanza. Su amor por nosotros sobrepasa el amor de una madre por su hijo.

Solución

No me quedaré ni te dejaré a ti con el peso de la culpa. Es parte de una buena estrategia de autodesarrollo analizar objetivamente las áreas de control de Shaitán sobre nosotros, y planear una estrategia de defensa efectiva. Aquí hay algunos consejos para el automejoramiento, tomados de mi agenda personal:

  1. Dua’.Dua’. Y más dua’. Aquí hay una hermosa dua’ del profeta : ¡Oh, Allah! … Busco refugio en Ti para no causar ni sufrir mal. (Abu Dawud, clasificado ṣaḥîḥ por Al Albani)
  2. Mejora tu medidor de empatía. Trata de leer los corazones de las personas a través de sus ojos, y de entender sus emociones a partir de su lenguaje corporal. No queremos herir intencionalmente a los demás, y ser conscientes de la posibilidad de causarles daño nos pone en guardia de inmediato.
  3. Vigilancia constante (¿Recuerdas a Alastor Moody, de la saga de Harry Potter?) Mantente vigilante. Y sé un científico, no un juez. En lugar de autocriticarte y de castigarte a ti mismo, analiza tu comportamiento y encuentra formas prácticas de corregirlo.
  4. Cuídate de las reuniones donde tu lengua parece aflojarse por sí misma. Cuando estamos cerca de ciertas personas o grupos, sentimos una compulsión incomprensible de burlarnos de otros, y tenemos que hacer un esfuerzo adicional para abstenernos de ello.
  5. Respeta a los mayores.Cuando alguien más joven que tú te hiere o te insulta, el dolor es aún peor. El profeta  dijo: No es de los nuestros quien no tiene misericordia de nuestros jóvenes ni respeta a nuestros mayores. (Tirmidi, ḥasan)
  6. Respeta las normas culturales.En mi cultura, por ejemplo, es muy irrespetuoso llamar a los mayores por su nombre. Así que si alguien llama a su suegra “oye, Nilufa, ¿me puedes traer más pan?”, descubrirá con sorpresa que se ha convertido en tema de conversación y objeto de malas miradas entre las tías.
  7. Respetate a ti mismo.El complejo de inferioridad alimenta la necesidad de humillar a los demás. Fortalece tu autoestima sin caer en la arrogancia.

En resumen

Reírse, sin duda, es muy satisfactorio. Pero debemos tamizar las fuentes de la risa disponibles por ahí, y elegir solo el tipo sano.

Así que ríe a carcajadas y comparte tu risa con los demás. La diversión se multiplicará, insha Allah.

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Referencias:

The Qur’an: A new translation by M.A.S. Abdel Haleem. Oxford, 2005.

Nouman Ali Khan, Tafsir of 49:11 in Quran Cover to Cover, Bayyinah.tv.