El incremento de la promiscuidad sexual y la promesa del Islam: Una guía práctica para padres interesados (parte 1 de 2)

{¡Oh creyentes! Protéjanse a sí mismos y a sus familias del Fuego [del Infierno] cuyo combustible serán los seres humanos y las piedras…} [Corán 66:6].  

Nuestros países se encuentran en medio de una crisis aguda. Los estilos de vida y actitudes promiscuas han impregnado tanto nuestra sociedad actual, que mucha gente cae víctima de las ilusiones de felicidad que conjuran y no logran ver ningún mal en dichas acciones en absoluto.  

Los límites de la interacción social, una vez establecidos por principios religiosos, se han transgredido con tal ubicuidad y regularidad, que bien pueden ser violados irrevocablemente. El hecho es que las actitudes sexualmente sugestivas impregnan nuestra sociedad. Ellas gritan desde nuestras vallas publicitarias, nos asaltan desde revistas en el mostrador de salida y en la sala de espera, y nos atraen desde el momento en que ponemos un pie en los campus universitarios. Ni siquiera he mencionado los demonios que pagamos para entrar en nuestros hogares: el cable y el internet. 

En nuestra era moderna, es casi imposible evitar las consecuencias de una sociedad cada vez más perdida y licenciosa. Como resultado, es extremadamente importante para nosotros como padres que enseñemos a nuestros hijos a una edad temprana sobre las virtudes y méritos de la castidad y prevenirlos sobre los muchos peligros de la inmoralidad sexual que yacen como emboscadas a lo largo de los caminos de la vida.  

En una ―no diré abierta sino― “desabrochada” sociedad como la nuestra, donde la promiscuidad ha perdido su rótulo estigmático de antaño, ¿cuál es la mejor manera para los padres de educar a sus hijos sobre temas por lo general difíciles, como la interacción entre géneros y la educación sexual? La comunicación directa.  

Intimidante como puede ser, debemos respirar profundo y confrontar el asunto de manera integral. No me refiero al viejo discurso de “pájaros y abejas” para explicar la carrera de hormonas durante pubertad.   

Esto es sólo una pequeña parte de lo que realmente debemos hacer frente en nuestras charlas contemporáneas. Los padres deben de tener la voluntad de ayudar a sus hijos a navegar a través de todas las facetas de sus vidas, incluyendo la interacción entre géneros y desde muy temprana edad, puesto que el asunto simplemente no dejará de estar siempre ahí. ¿De dónde más van a obtener información sobre la adecuada etiqueta musulmana? ¿Del programa de educación sexual de la escuela local? ¿De la búsqueda no supervisada en los sitios de internet? ¿De las lecciones callejeras de compañeros?  

Debemos abastecernos con información actual a través de la investigación y mantenernos en contacto con lo que ocurre en la vida de nuestros hijos. Un programa de inacción no funcionará. Una serie de resultados revela que los chicos y las chicas americanos se involucran en conductas sexuales por primera vez a una edad promedio de 16 y 15 años respectivamente.  

Debemos comprender que, a pesar de ser musulmanes, estas estadísticas aún nos conciernen y, en consecuencia, son extremadamente reveladoras. En el Día de del Juicio, cada quién será juzgado por sus acciones. Sí, nuestros hijos serán llamados a comparecer por cuánto honraron y obedecieron a sus padres, pero igualmente nosotros como padres seremos responsables por cómo respondimos a la orden de la aleya citada al comienzo de este texto. ¿Cómo trabajamos para salvar a nuestros hijos del fuego? Nuestra identidad como musulmanes no significa que seamos inmunes a las enfermedades sociales. Más bien, debemos esforzarnos como padres y educadores para informarnos sobre las dinámicas internas de esta cultura de promiscuidad sexual a fin de criar hijos e hijas fuertes y moralmente conscientes.  

Sin embargo, nuestros hijos y todos los jóvenes adultos necesitan asegurarse de que el sexo en sí mismo está lejos de ser inapropiado. De hecho, Al-lah ha caracterizado la relación entre esposo y esposa como uno de Sus “signos” (Ayat): {Entre Sus signos está haber creado cónyuges de entre ustedes para que encuentren sosiego, y dispuso entre ustedes amor y misericordia. En ello hay signos para quienes reflexionan} [Corán 30:21].  

La cuestión es cómo podemos activar apropiadamente ese signo de amor en nuestras vidas, y es a través del matrimonio, este es el mecanismo a través del cual podemos compartir esta intimidad con nuestro o nuestra cónyuge con la confianza de que, no sólo es totalmente permitido, sino que además tiene recompensa. Algunos compañeros preguntaron al Profeta: “¡Oh, Mensajero de Al-lah! ¿Es posible que alguno de nosotros siga su pasión (es decir, lleve a cabo el acto sexual con su esposa) y que haya recompensa en ello?”. Él dijo: “¿Han considerado que, si alguno llevase satisface sus deseos ilegalmente, entonces él debería soportar el peso de esto? Entonces, al satisfacer los deseos legalmente esa persona, en efecto, gana recompensa por ello”.  

Sin embargo, nuestra cultura actual, con su promiscuidad rampante, parece estar en la misión de normalizar los comportamientos sexuales fuera del matrimonio, los cuales el Islam ha prohibido inequívocamente. Las comedias de televisión, por ejemplo, suelen incluir el adulterio, la fornicación y la homosexualidad como parte de la vida “normal”. El cine popular, las revistas, y la internet sólo sirven para reforzar el mensaje de que los valores morales y sus virtudes, como la castidad y la modestia, son anticuados y están fuera de lugar. Créanme, esto es la guerra. 

Cultivar una disposición islámica: Empezar temprano 

Tanto para formar musulmanes fuertes como para combatir la peligrosa cultura de la promiscuidad, las enseñanzas sobre la sexualidad deben comenzar lo antes posible de una manera que sea apropiada para cada edad. No se debe esperar a que los chichos sean adolescentes para empezar a brindarlas la información por primera vez.  

Iniciar esta educación con modestia y castidad lo más temprano posible es beneficioso, puesto que alberga un ambiente de confianza y apertura que debe perdurar entre padre e hijo. Al iniciar una conversación al respecto a una edad temprana, un padre sabiamente evita la molestia que irremediablemente acompaña dichas conversaciones cuando toman lugar en una edad posterior, digamos a los 16 o 18 años.  

Temprano equivale a que sea más fácil para un chico acercarse a un padre con preguntas y preocupaciones delicadas, y de igual modo para el padre el poder hablar con su hijo o hija con consejos u observaciones adicionales. También es importante que los padres con regularidad enseñen y recuerden a sus hijos sobre valores islámicos y principios de ética en general, no solo como un rechazo punto por punto de las conductas o peticiones de un hijo a medida que surgen. Pues es en el conjunto donde se perfila la perspectiva de la vida de nuestros hijos ―y de nosotros mismos―, y que creamos la cultura que cada comunidad humana necesita para fomentar realmente el crecimiento y la satisfacción completos y sutiles. Lo relevante de la cultura es que es una expresión dinámica de una visión grupal de la vida humana que libera la imaginación y la creatividad de cada individuo.  

Esta inculcación de los valores celestiales del Islam y de la visión ética terrenal se hace, una vez más, mejor a una edad temprana antes de que los niños empiecen a adoptar ciertos elementos de la cultura en general que son irreconciliables con el comportamiento islámico. Los padres deben trabajar fuertemente para explicar las razones implícitas detrás de nuestra objeción frente a la promiscuidad sexual desde una perspectiva religiosa. Debemos enseñar a nuestros hijos a comprender los valores islámicos de manera que los adopten y asimilen como propios. Varios estudios muestran que el compromiso religioso de un individuo consistentemente hace decrecer la probabilidad de su actividad sexual en la adolescencia. Los padres deben empezar a plantar la semilla de la moral islámica y de una alta autoestima en sus niños a una edad muy temprana.