Uno de los principios fundamentales del Islam es la orden de prohibir el mal. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:
“Quien de ustedes vea un mal, que lo cambie con su mano, y si no tiene la posibilidad de hacerlo o no goza de la posición para ello, entonces que lo cambie con sus palabras; y si tampoco pudiese hacerlo, entonces que lo rechace de corazón, y eso sería la mínima muestra de fe”.
También está revelado en el sagrado Corán que prohibir el mal es una de las características de la comunidad musulmana:
{[¡Musulmanes!] Son la mejor nación que haya surgido de la humanidad porque ordenan el bien, prohíben el mal y creen en Dios} [Corán 3:110]
Sin embargo, lo que suena sencillo en palabras, es difícil de llevar a la acción. Sancionar el mal comportamiento es un acto de coraje, ya que una interacción social siempre conlleva reacciones y emociones que llevan a resultados que, en ocasiones, no podemos ―o no sabemos― anticipar.
Cuando se increpa a una persona por un mal comportamiento, un componente esencial de la sanción social es la forma en que se hace el reclamo, los pasos que seguimos, porque estos son los que determinan si lo estamos haciendo de manera educada, tal como nos enseña la Sunna, para lograr que el resultado sea positivo.
- Haga el llamado de atención en privado
En la medida de lo posible, sancione de manera privada, esta era una práctica que realizaba el Profeta Muhammad de manera común. Cuando a una persona se le dice en privado lo que debe corregir o dejar de hacer, está más dispuesto a escuchar. Por el contrario, quien es sancionado en público, por lo regular rechaza y reacciona de manera contraria, muchas veces con resentimiento o ira. La sanción pública se siente como una humillación, genera un cóctel de emociones entre las dos partes que es difícil de manejar.
- La amonestación pública
He escuchado a muchos musulmanes decir que no se debe sancionar de manera pública, pero, de hecho, existen ocasiones en que sí es posible hacerlo. Cuando Abu Sufián estuvo frente al Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y dudó en aceptar el Islam, Omar lo increpó: “Si no tuvieras cabeza no dudarías”, le dijo tomando la empuñadura de su espada, entonces Bilal se levantó y ahí mismo, delante de todos, le recordó a Omar: “En la religión no cabe coacción”.
Este es uno de los ejemplos en la Sunna donde podemos ver una sanción en público. ¿Por qué Bilal dijo esto de manera inmediata? La situación lo ameritaba, era necesario cortar de raíz la amenaza de Omar y dejar en claro que, si Abu Sufián aceptaba el Islam, lo haría por voluntad propia, de esta manera su liderazgo no sería puesto en duda.
Existen ocasiones en las que el llamado de atención debe hacerse de inmediato, figúrense esta situación: acabas de ver a alguien que se ha colado en el cine sin pagar entrada, no lo conoces, no tendrás ocasión después de decirle algo, así que esa es tu oportunidad, ahí mismo.
Te estarás preguntado: ¿Cómo lo hago? Las personas suelen responder agresivamente cuando se les llama la atención sobre sus malas acciones, y esa agresividad se incrementa cuando se hace en público. Bueno, mucho tiene que ver con el tono y la forma en que se habla.
Hay que usar el tono adecuado; si Bilal le hubiera dicho a Omar: “¡Guarda tu espada!”, la orden se habría sentido como una ofensa y tal vez hubiera llevado a la furia. La mayoría de las veces llamamos la atención de forma autoritaria, con tono de superioridad, como si fuéramos los sabedores de todo lo bueno y lo malo del mundo. Optar por un tono más neutral y conciliador ayudará a que la persona no se sienta agredida.
Además, los tonos agresivos pueden desencadenar reflexiones que justifiquen el comportamiento indeseado, frases del tipo: “Yo hago lo que se me da la gana”, “esta qué se cree para regañarme”, “usted no sabe quién soy yo”, son expresiones que se aferran al pensamiento justificando malas acciones.
¿Y las palabras?
El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), siempre usó las mejores y más dulces de las palabras, y así se nos invita a hablar en el Corán:
{¿Por qué no observas el siguiente ejemplo que te propone Dios?: Una palabra buena es como un árbol bondadoso cuya raíz está firme y sus ramas se extienden hacia el cielo} [Corán 14: 24]
Regresemos al ejemplo anterior, si le gritas a la persona que acaba de entrar sin pagar: “¡Oiga!, ¿usted qué se cree?, pague el pasaje como todos”, el tono es agresivo y las palabras son violentas, la respuesta será negativa y el llamado de atención no tendrá un efecto positivo.
En cambio, si usas palabras amables y no afirmas, sino que preguntas, por ejemplo, acercarse a la persona que no pagó y decirle: “Disculpe, usted se ve como un señor muy decente, ¿por qué hizo eso?”.
La interrogante llevará a la reflexión y a una respuesta interna y externa positiva. Las palabras amables y la pregunta permiten que se entregue el mensaje clave de la amonestación: “Ese comportamiento no es lo que se espera de ti”.
Al mostrar la decepción social que conlleva un comportamiento o una acción reprobable, sin atacar al infractor, se logra que la persona amonestada empatice con nosotros y en esa medida pueda generar un cambio. El respeto como base fundamental de la comunicación debe mantenerse siempre:
{Exhorta a Mis siervos a hablar con respeto, porque el demonio quiere sembrar la discordia entre ellos. El demonio es el enemigo declarado del ser humano} [Corán 17:53]
La regulación no violenta de comportamientos sancionables, lo que en el Islam denominamos “llamar al bien y prohibir el mal”, es un elemento fundamental de cohesión y comportamiento social, construye convivencia. Es necesario elaborar formas de llamado de atención respetuosos, conscientes, que a mediano y largo plazo ayuden a la regulación personal. Cada uno de nosotros, los musulmanes, debe ser un pedagogo de la convivencia más que un policía, un maestro hacia la senda del bien.
Originally posted 2019-01-17 07:08:27.





Deja una respuesta