¿El Islam se difundió por medio de la espada? Una mirada crítica a las conversiones forzadas (parte 1 de 3)

El asunto de las conversiones forzadas al Islam en la historia es la piedra angular de la narrativa centenaria de la “difusión por la espada” que ha sido ―y continúa siendo― utilizada para demonizar al Islam y a los musulmanes. Sin embargo, muchos de los principales historiadores actuales han desafiado dicha narrativa. Reconocen que se han presentado casos de conversión forzada, pero que estos han sido raros, excepcionales, han ocurrido en contextos particulares y en contra de la prohibición coránica de dicha práctica.

Este artículo proporciona una observación breve de algunos de los argumentos que se han utilizado para desacreditar dicha narrativa, y examina tres casos de conversión forzada al Islam en la historia: La propagación del Islam en el sur de Asia, el sistema devshirme de los otomanos, y el “decreto de los huérfanos” del Imam Iahia en Yemen.

Introducción

Los historiadores describen el Islam como una de las religiones más jóvenes del mundo, habiendo surgido a principios del siglo VII d.C. A un siglo de la muerte del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), los primeros musulmanes establecieron un imperio que se extendía desde la España moderna en el occidente hasta la India en el oriente. Muchos de los pueblos que fueron conquistados en este proceso abrazaron finalmente el Islam, sentando así las bases de la comunidad musulmana global de la actualidad, que es ampliamente reconocida como el grupo religioso de mayor crecimiento en el mundo y el segundo más grande[1].

El tremendo éxito numérico de lo que la cristiandad europea considera una “religión perversa”, ha confundido a los observadores durante siglos. La única respuesta concebible, en la mente de muchos, fue ―y es― que el Islam debe haberse propagado, al menos inicialmente, a través de su ―supuestamente inherente― “crueldad bestial”, como lo expresó Pedro el Venerable en el siglo XII[2]. Desde esta perspectiva, el actual tamaño y crecimiento de la comunidad musulmana, es el producto de episodios de la historia durante los cuales el Islam fue “difundido por la espada”.

Un “hecho clave” de esta narrativa de la difusión por la espada es la noción de conversiones forzadas de no musulmanes al Islam. Esto hace parte de una constelación de “hechos” cuestionables que han sido reutilizados muchas veces en la historia. Pedro el Venerable, aunque en general era un defensor del estudio académico del Islam ―con el propósito de refutarlo―, escribió sus palabras mordaces en el contexto de las Cruzadas. En los siglos posteriores, los colonizadores europeos ―como los británicos en la India― intentaron convencer a sus súbditos no musulmanes de su propia benevolencia, comparándose con la crueldad ―real o imaginada― de los anteriores conquistadores musulmanes[3]. En la actualidad, esto se utiliza para asociar al Islam y los musulmanes con la barbarie y el terrorismo, justificándolo como el último episodio de la “difusión del Islam a través de la espada”[4].

Por supuesto, esta narrativa no está completamente infundada. Se han presentado ciertos casos en la historia de musulmanes que han ignorado las enseñanzas islámicas y se han comportado con crueldad hacia los no musulmanes, incluyendo casos de conversión forzada, así como otros grupos han cometido actos de maldad ―y como ejemplo están las cruzadas y la inquisición española― que han contravenido los principios de su propia religión. Individuos y grupos inescrupulosos han tratado de instrumentalizar políticamente cualquier ideología y fe que puedan, y cada evento debe ser debidamente investigado y condenado. Pero mirar una selección específica de incidentes y saltar a la conclusión reduccionista y amplia de que el Islam fue “difundido por la espada”, sin analizar las diversas variables que configuran el curso de los eventos en cada caso en particular, es un acto de flagrante deshonestidad intelectual y un obstáculo para el entendimiento y la reconciliación.

Este artículo describe brevemente algunos de los argumentos que los historiadores han utilizado para desafiar la narrativa de la difusión por la espada y, en particular, la cuestión de las conversiones forzadas al Islam en la historia.

La posición de los historiadores

La noción de que el Islam fue “difundido por la espada” se remonta a las Cruzadas y siguió siendo la piedra angular de las polémicas antiislam de los cristianos europeos durante siglos. Fue recogida a fines del siglo XIX y comienzos del XX por los académicos orientalistas como Sir William Muir[5], muchos de los cuales ―como oficiales colonialistas británicos o misioneros cristianos― estaban en condiciones de beneficiarse de la difamación del Islam ante los no musulmanes (es decir, “divide y vencerás”). Los orientalistas cristalizaron y legitimaron la historia oral tradicional preexistente ―o mitohistoria, para utilizar el término de William McNeill[6] ― y, al hacerlo, “tradujeron [la memoria histórica] de mitos a hechos con una actitud científica racional”[7].

Sin embargo, incluso en las filas de los orientalistas hubo algunos que, como Sir Thomas Arnold y De Lacy O’Leary, cortaron la narrativa de las conversiones forzadas al Islam. O’Leary escribió en 1923 que “la leyenda de musulmanes fanáticos barriendo el mundo y forzando al Islam a punta de espada a las razas conquistadas, es uno de los mitos más fantásticamente absurdos que los historiadores han repetido”[8].

El renombrado historiador Marshall Hodgson, en su obra pionera La aventura del Islam, articuló esencialmente la misma posición[9]. Más recientemente, Ira Lapidus escribió en Historia de las sociedades islámicas que “los académicos europeos creyeron que las conversiones al Islam se hicieron a punta de espada, y que los pueblos conquistados solo tuvieron la opción de convertirse o perecer. Ahora resulta evidente que la conversión por la fuerza, aunque no totalmente desconocida en los países musulmanes, fue, de hecho, rara. Los conquistadores musulmanes solían querer dominar en lugar de convertir, y la mayoría de las conversiones al Islam fueron voluntarias”[10].

Además de los historiadores citados en este artículo, Jamal Malik, Jonathan Berkey y Kevin Barrett son algunos de muchos otros historiadores que han desafiado y desacreditado la narrativa de la “propagación por la espada”[11].

“No cabe coacción en asuntos de fe”

Que las conversiones forzadas al Islam hayan sido raras y excepcionales en la historia no sorprende a quienes están familiarizados con el principio coránico: {Una vez establecida la diferencia entre la guía correcta y el desvío no se puede forzar a nadie a creer} [Corán 2:256][12]. El famoso Mufassir (comentarista) del Corán, Isma’il Ibn Kazir (muerto en 1373 d.C.), dijo que este pasaje significa: “No obliguen a nadie a hacerse musulmán, pues el Islam es sencillo y claro, y sus pruebas y evidencias son sencillas y claras. Por lo tanto, no es necesario obligar a nadie a abrazar el Islam”[13]. Los musulmanes tienen la responsabilidad colectiva de compartir el mensaje del Islam, pero la forma normativa de hacerlo está claramente descrita en el Corán: {Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría y bellas palabras. Argumenta de la mejor manera} [16:125].

Incluso en los casos de guerra autorizada por el Islam, los ejércitos musulmanes debían ofrecer a los no musulmanes las opciones de “convertirse al Islam, pagar la yizia y aceptar el estatus de dhimmi, o probar la suerte de la guerra. Si los adversarios elegían la última de esas tres y perdían, enfrentaban la expropiación, la esclavitud o incluso la muerte. Y aun entonces, no debían ser obligados a convertirse”[14].

La segunda opción ha sido despectivamente calificada de “dhimmitud” por Bat Ye’or[15]. Ye’or y otros han argumentado que el requisito de pagar la yizia y mantener el estatus de dhimmi era una forma de “compulsión en la religión”. La posición de Ye’or ha sido cuestionada por historiadores eminentes, incluido Bernard Lewis ―quien no puede ser creíblemente acusado de revisionista apologético, dado que sus propias opiniones en otros contextos están lejos de ser amistosos con los musulmanes― y Chase Robinson[16].

El sistema de dhimma era “acorde con la costumbre habitual en todas las sociedades medievales en las que estaban involucradas comunidades religiosas no dominantes” y, como comparación, “no existe duda de que la historia de la dhimma se compara favorablemente con el tratamiento hacia los no cristianos en Europa durante la mayor parte de la era premoderna”[17]. Aunque se dieron casos de abuso de dicho sistema (como el del “califa loco” fatimí Al Hakim, que gobernó entre 996 y 1021[18]), fueron raros y “a menudo ocurrieron en las franjas externas del mundo islámico, en especial en presencia de alguna amenaza urgente que venía de afuera”[19].

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[1] Conrad Hackett y Michael Lipka, Why Muslims are the world’s fastest growing religious group, 6 de abril de 2017, http://www.pewresearch.org/fact-tank/2017/04/06/why-muslims-are-the-worlds-fastest-growing-religious-group/.

[2] Karen Armstrong, We cannot afford to maintain these ancient prejudices against Islam, The Guardian, 18 de septiembre de 2006, https://www.theguardian.com/commentisfree/2006/sep/18/religion.catholicism.

[3] Barbara Metcalf, Too Little and Too Much: Reflections on Muslims in the History of IndiaThe Journal of Asian Studies 54, No. 4 (1995): 953-54.

[4] Ver, por ejemplo, Robert Spencer, The Politically Incorrect Guide to Islam (And the Crusades) (Washington, DC: Regnery Publishing, 2005), 107-17.

[5] William Muir, The Caliphate: Its Rise, Decline, and Fall (Londres, 1898; reimpreso en Beirut: Khayats, 1963), 45.

[6] William H. McNeill, Mythistory, or Truth, Myth, History and HistoriansThe American Historical Review 91, No. 1 (1986): 8.

[7] Amalendu Misra, Identity and Religion: Foundations of Anti-Islamism in India (Nueva Delhi: Sage Publications, 2004), 223.

[8] De Lacy O’Leary, Islam at the Cross Roads (Nueva York: E.P. Dutton and Co., 1923), 8.

[9] Marshall G. Hodgson, The Venture of Islam, Volume 1: The Classical Age of Islam (Chicago: The University of Chicago Press, 1974), 199.

[10] Ira M. Lapidus, A History of Islamic Societies (Nueva York: Cambridge University Press, 2014), 271.

[11] Jamal Malik, Islam in South Asia: A Short History (Leiden: Brill, 2008), 183; Jonathan Berkey, The Formation of Islam: Religion and Society in the Near East, 600-1800 (Nueva York: Cambridge University Press), 162; Kevin Barrett, Is Islam Reasonable?, in Reasonable Perspectives on Religion, Ed. Richard Curtis (Plymouth, UK: Lexington Books, 2010), 204.

[12] Todas las citas del Corán en la traducción al español de este artículo son tomadas de García, Muhammad Isa (2014). El Corán, traducción comentada. Qatar Guest Center. Doha, Cátar.  (http://tanzil.net/#trans/es.garcia/1:1).

[13] Isma‘il Ibn Kazir, Tafsir Ibn Kathir (Vol. 2) (Nueva York: Darussalam Publishers, 2003), 30.

[14] Michael Bonner, Jihad in Islamic History: Doctrines and Practice (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2006), 90.

[15] Bat Ye’or, Islam and Dhimmitude: Where Civilizations Collide, Traducido por Miriam Kochan y David Littman (Madison/Teaneck, NJ: Fairleigh Dickinson University Press, 2002), 50.

[16] Bernard Lewis, The New Anti-SemitismThe American Scholar 75, No. 1 (2006), https://theamericanscholar.org/the-new-anti-semitism; Chase F. Robinson, Review of The Decline of Eastern Christianity under Islam, from Jihad to Dhimmitude: Seventh-Twentieth Centuries, por Bat Ye’or, Miriam Kochan, David Littman, Middle East Studies Association Bulletin 31, No. 1 (1997): 98.

[17] Bonner, Jihad in Islamic History, 91.

[18] Milka Levy-Rubin, New Evidence Relating to the Process of Islamization in Palestine in the Early Muslim Period: The Case of SamariaJournal of the Economic and Social History of the Orient 43, No. 3 (2000): 263.

[19] Bonner, Jihad in Islamic History, 91.