¿El Islam se difundió por medio de la espada? Una mirada crítica a las conversiones forzadas (parte 3 de 3)

Caso de estudio: El sistema devshirme en el Imperio Otomano

El sistema devshirme otomano es otro ejemplo de conversión forzada al Islam. En este sistema, jóvenes cristianos eran sistemáticamente tomados de sus familias, convertidos al Islam, y entrenados para servir a la burocracia del Imperio en la fuerza militar personal del sultán, los jenízaros. Sin embargo, este mismo sistema a menudo “proporcionó a las minorías religiosas acceso ilimitado a los cargos gubernamentales más elevados”[1]. Un ejemplo es el de Sokullu Mehmet Pasha (muerto en 1579), un eslavo bosnio que ascendió a través de la burocracia hasta convertirse en el gran visir del Imperio, una posición desde la cual pudo apoyar a la comunidad cristiana de Bosnia, aunque él se mantuvo musulmán[2].

Por lo tanto, el mismo sistema devshirme que, por la fuerza, convirtió a muchas personas al Islam, pudo también jugar un papel en preservar las comunidades no musulmanas y protegerlas de la conversión forzada masiva. Esto puede, en parte, explicar por qué la conversión al Islam se desarrolló tan lentamente en algunas partes del Imperio Otomano. La región que conforma la actual Albania, por ejemplo, fue conquistada gradualmente por los otomanos a lo largo del siglo XV, pero la conversión al Islam solo despegó realmente unos 200 años después[3].

Caso de estudio: El “decreto de los huérfanos” en Yemen

Otro caso de conversión forzada en la historia islámica es el decreto sobre los huérfanos emitido por el Imam Iahia Al Mutawakkil (muerto en 1948) a comienzos del siglo XX. Después de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se desmoronó y reconoció a Iahia como su sucesor en Yemen. Iahia luego reclamó el “Gran Yemen”, partes del cual fueron gobernadas por los rivales británicos o políticos de Iahia. Como líder de la comunidad zaidí, Iahia también reintrodujo la ley Zaydí, parte de la cual contiene el “decreto de los huérfanos”, que exige que su gobierno convierta por la fuerza a los niños judíos huérfanos al Islam[4].

Sin embargo, una mirada más cercana al caso del decreto de los huérfanos nos revela que, aunque el mismo Iahia introdujo el decreto, se hizo el de la vista gorda al contrabando de huérfanos judíos que eran sacados de Yemen para evitar la conversión, y en algunas ocasiones incluso facilitó dicho proceso[5]. Los judíos que huyeron de Yemen exageraron el número de niños convertidos a la fuerza en un intento de ganar simpatía por la causa de ayudar a más niños judíos a escapar[6]. Sin embargo, los guardianes de muchos niños judíos los ayudaron a escapar a la jurisdicción del Imam Iahia en lugar de escapar de ella, y allí hallaron refugio en el mismo régimen que estaba ostensiblemente dispuesto a obligarlos a convertirse al Islam[7].

El Imam Iahia, por su parte, implementó este decreto de forma selectiva, y al hacerlo reveló su razón para introducirlo en primer lugar: tenía poco que ver con el deseo de convertir a la fuerza a sus súbditos judíos al Islam, y más que ver con su autoridad en un entorno político inestable en el Yemen de la posguerra[8]. Aunque la narrativa reduccionista del decreto de los huérfanos puede presentarse de inmediato como un caso en que el Islam fue “difundido por la espada” entre los judíos de Yemen, es de destacar que las fuentes judías describen al Imam Iahia en términos muy favorables[9]. Al mismo tiempo, “los escritos judíos yemenís discuten explícitamente la conversión forzada de huérfanos judíos, pero se muestran reacios a mencionar las conversiones voluntarias”[10].

Conclusión

Los anteriores casos de estudio presentan ejemplos de conversión forzada al Islam en la historia (en el caso de Asia del Sur, hay motivos suficientes para creer que algunas conversiones forzadas probablemente ocurrieron). Cualquiera de estos casos puede fácilmente ser utilizado para justificar la narrativa de 800 años de antigüedad de que el Islam fue difundido por la espada. Sin embargo, incluso una investigación superficial de cada caso revela detalles que hacen pensar que no pueden utilizarse para justificar ninguno de estos casos, pero que pueden (y deben) recordarnos que los eventos históricos rara vez son tan simples como tendemos a creer.

Incluso los defensores más acérrimos de esta narrativa deben ser conscientes de que la realidad es más complicada que eso. De hecho, el mismo Pedro el Venerable, incluso cuando citaba la “crueldad bestial” de los musulmanes como la única causa posible para la propagación del Islam, había pedido en privado a un colega que escribiera una refutación de las enseñanzas islámicas “para considerar y proveer a los miembros débiles de la Iglesia, que son fácilmente desviados o incluso cautivados por argumentos triviales”[11]. Está claro que Pedro tenía evidencia de que algunos no musulmanes respondían favorablemente a la prédica islámica.

En este artículo hemos hecho un uso mínimo deliberado de ejemplos de la propagación pacífica del Islam en muchas regiones del mundo ―y al menos en algún momento de la historia, en todas―. El sudeste asiático y el África occidental, por ejemplo, son dos de las regiones con las mayores poblaciones musulmanas del mundo en la actualidad, pero ninguna de ellas fue sometida significativamente por la “espada” por parte de los musulmanes[12].

Hemos hecho esto porque el propósito de este artículo no es ocultar ni encubrir el hecho de que, probablemente, haya habido casos reales de conversión forzada al Islam en la historia. Estos pueden haber sido raros, excepcionales y en contradicción con las claras directivas del Corán, como se ha expuesto, pero ello no significa que no hayan ocurrido ni que podamos darnos el lujo de mirar para otro lado.

De hecho, el mensaje subyacente de la discusión es precisamente lo contrario. Tenemos que dejar de pasar por alto la historia suscribiéndonos a narrativas superficiales ―y, a menudo, demonizantes― como que “el Islam fue difundido por la espada”, o para el caso, que las sociedades musulmanas clásicas fueron utópicas, o que la espada jamás jugó un papel en la difusión del Islam[13]. Todos esos son mitos, mientras que la verdad puede ser hallada en algún lugar de la desordenada zona gris entre ellos ―un área gris que las personas conscientes y buscadoras de la verdad deben explorar diligentemente―.

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[1] Ibrahim Kalin, Islam and Peace: A Survey of the Sources of Peace in the Islamic TraditionIslamic Studies 44, No. 3 (2005): 347.

[2] Ibid. 348.

[3] Krstic, Tijana. Contested Conversions to Islam: Narratives of Religious Change in the Early Modern Ottoman Empire (Stanford, CA: Stanford University Press, 2011), 21.

[4] Ari Ariel, A Reconsideration of Imam Yahya’s Attitude Toward Forced Conversion of Jewish Orphans in YemenShofar: An Interdisciplinary Journal of Jewish Studies 29, No. 1 (2010), 97.

[5] Ibid. 103.

[6] Ibid. 99.

[7] Ibid. 103.

[8] Ibid. 111.

[9] Ibid.

[10] Bat-Zion Eraqi Klorman, Muslim Society as an Alternative: Jews Converting to IslamJewish Social Studies 41, No. 1 (2007): 90.

[11] A.J. Forey, Western Converts to Islam (Later Eleventh to Later Fifteenth Centuries)Traditio 68 (2013): 154.

[12] Ver, por ejemplo, Lamin Sanneh, Beyond Jihad: The Pacifist Tradition in West African Islam (Nueva York, Oxford University Press, 2016), incluyendo una discusión de un caso establecido de conversión forzada al Islam en Ghana, que muy probablemente nunca ocurrió (p. 284).

[13] Hugh Kennedy, ¿El Islam fue difundido por la espada?, por ejemplo, ofrece un punto de partida simple, pero mucho más útil para nuestra investigación: “El Islam no se propagó por la espada, pero sin la espada no se habría extendido”.