¿El Islam se difundió por medio de la espada? Una mirada crítica a las conversiones forzadas (parte 2 de 3)

Historia islámica temprana

El famoso tratado entre Sofronio, el patriarca de Jerusalén, y el segundo califa musulmán, Omar Ibn Al Jattab (muerto en 644), nos da un ejemplo de acuerdo de dhimma en el que la conversión forzada fue explícitamente prohibida:

“Esta es la garantía de seguridad (amán) que el siervo de Dios, Omar, el Comandante de los creyentes, ha dado al pueblo de Jerusalén. Él les ha dado una garantía de seguridad para sí mismos, sus propiedades, sus iglesias, sus cruces, los enfermos y los saludables de la ciudad, y para todos los rituales que pertenecen a su religión. Sus iglesias no serán habitadas por los musulmanes ni serán destruidas. Ni ellos ni la tierra en la que se encuentran, ni su cruz ni sus propiedades serán dañadas. Y no se los obligará a convertirse…”[1].

Omar es generalmente considerado como uno de los líderes musulmanes más estrictos, y Jerusalén era una ciudad muy importante para los musulmanes. Podría esperarse, entonces, que si los primeros musulmanes estuvieron tan interesados en convertir a los no musulmanes por la fuerza al Islam, Omar no habría hecho una excepción con Jerusalén. Ejemplos similares se encuentran dispersos a lo largo de la historia islámica, como el acuerdo (en 713) entre ‘Abd Al ‘Aziz Ibn Musa y Teodomiro, de que “ellos [es decir, los seguidores de Teodomiro en España] no serían obligados en asuntos de religión, sus iglesias no serían quemadas ni se les quitarían sus objetos sagrados…”[2].

Fue en parte debido a tales protecciones que “durante al menos dos siglos, la mayoría de los habitantes del imperio islámico eran no musulmanes”[3]. Además, según Hugh Kennedy, la conversión forzada al Islam era “casi imposible” después de las primeras conquistas musulmanas, ya que los musulmanes eran una pequeña minoría en las áreas recientemente conquistadas (quizás un 10% de la población en Egipto y un 20% en Irak). “En tales circunstancias, obligar a las personas que no estaban dispuestas a convertirse, estaba fuera de discusión”[4].

En las regiones conquistadas por los musulmanes para el año 732 (es decir, en el primer siglo después del Profeta Muhammad), el Islam no se convirtió en una religión mayoritaria hasta 850-1050. Casi todo Irán, por ejemplo, había sido conquistado para 705; sin embargo, la investigación realizada por Richard Bulliet ha mostrado que fue apenas a mediados del siglo IX que la población musulmana de Irán alcanzó el 50%, y esa cifra tardó casi otro siglo en llegar al 75%[5]. Como han señalado algunos historiadores, “si la conversión al Islam hubiera sido el ímpetu detrás de las conquistas, habría sido un fracaso rotundo”[6].

Se ha argumentado que, lejos de obligar a los no musulmanes a convertirse al Islam, muchos gobernantes musulmanes en realidad prefirieron gobernar a los no musulmanes y recaudar la yizia de ellos. Una razón para ello era que el Zakat (la caridad que es obligatoria para los musulmanes) a menudo se redistribuía localmente en las provincias y no podía ser utilizado de ciertas maneras, mientras que la yizia era enviada al tesoro central en la capital, era pagada en efectivo, y podía ser utilizada a discreción del gobernante[7].

Un caso relevante llevó a que el general omeya Jarrah Ibn Abdul-lah Al Hakami (muerto en 730) fuera removido de su cargo por el califa Omar Ibn Abd Al Aziz. Al Hakami había sido gobernador en Jorasán y había impedido que sus súbditos abrazaran el Islam, y continuó exigiendo la yizia incluso de aquellos que se habían convertido. “De hecho, solo han abrazado el Islam para evitar pagarlo”, les dijo. Omar Ibn Abd Al Aziz lo retiró de su puesto diciéndole: “Al-lah solo envió a Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) como predicador, no como recaudador de impuestos”[8].

La conversión podía ser desalentada efectivamente por otras razones y de otras maneras. Un ejemplo es el de Haidar Ibn Kawus (muerto en 841), un general del califa abasida Al Mu’tasim y gobernante de un pequeño principado en Asia Central llamado Ushrusana. Aunque era musulmán, había llegado a un acuerdo con sus súbditos no musulmanes para no permitir la dawa dentro de Ushrusana, y mantuvo su palabra, castigando a dos musulmanes por predicar en su jurisdicción. Luego enfrentó un juicio por hacer esto, en la corte de Mu’tasim[9].

Ciertamente hubo casos de conversión forzada al Islam en el curso de la historia, pero estos fueron a menudo mucho más complejos y matizados de lo que la narrativa reduccionista e intencionalmente engañosa de la “propagación por la espada” lo hace parecer. Veamos brevemente algunos ejemplos, teniendo en mente que hay muchos otros ejemplos que deben ser debidamente investigados y, si es necesario y posible, deberían hacer que la comunidad musulmana tome medidas correctivas razonables.

Caso de estudio: Asia del sur

Quizás los ejemplos de conversión forzada al Islam más difundidos en la historia provienen del sur de Asia. El historiador estadounidense Will Durant afirmó en 1935 que “la conquista mahometana de la India ha sido probablemente la más sangrienta de la historia”, explicando que “millones de hindús fueron convertidos al Islam por la espada durante este período” (es decir, 800-1700 d.C.)[10]. (Curiosamente, Durant también afirmo que “la mayoría de la historia es mera especulación y el resto es prejuicio”.)[11] Su posición fue popularizada por los “historiadores administradores” orientalistas británicos, como Henry Elliot, en la India, durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, y ha sido retomada y desarrollada posteriormente por los historiadores nacionalistas indios y por los simpatizantes de los hindús, como R. C. Majumdar y Koenraad Elst[12].

Las predisposiciones problemáticas de Henry Elliot, Koenraad Elst y otros historiadores que siguen esta línea de pensamiento, han sido abordadas por otros en su campo[13]. Sin embargo, lo más importante de esta posición, como lo ha señalado Peter Hardy, es que “fuerza” y “conversión” jamás fueron definidas con precisión, permitiéndose así que uno asuma que fue cambiada por completo la identidad religiosa de toda una sociedad “simplemente porque tenían una espada en sus cuellos”[14]. En líneas similares, Rowena Robinson ha expuesto que “el argumento de que el Islam en la India se extendió por todas partes por la ‘fuerza’ o la ‘espada’ es casi demasiado trillado, aparte de que, en la mayoría de los casos, es totalmente falso”[15].

Además, Yohanan Friedmann ha señalado que las frases encontradas en las fuentes históricas persas que Elliot y sus seguidores han utilizado como evidencia de su posición son ambiguas y pueden interpretarse de diferentes maneras. “Se sometieron al Islam”, por ejemplo, puede referirse a la religión del Islam, al Estado musulmán, o al “ejército del Islam”, y una lectura contextual generalmente respalda una de las dos últimas interpretaciones[16]. Por lo tanto, una frase destinada a significar que un grupo se rindió ante un ejército musulmán, podría fácil (y tal vez deliberadamente) ser malinterpretada en el sentido de que el grupo fue obligado o presionado a someterse a la religión del Islam.

Richard Eaton señala que, si la posición de la propagación por la espada fuera precisa, “uno esperaría que las áreas expuestas de manera más intensa y durante el período más largo al gobierno de las dinastías musulmanas (es decir, aquellas que estuvieron más expuestas a la “espada”), en la actualidad albergarían la mayor cantidad de musulmanes. Sin embargo, según el censo confiable más antiguo, la población de musulmanes era considerablemente mayor en Punjab y Bengala (70-90%), que históricamente estuvieron al margen del gobierno indomusulmán, que en el valle del Ganges (10-15%), donde estaba el corazón del gobierno musulmán[17]. Rowena Robinson señala que Eaton también ha argumentado que “el Islam se extendió entre los cultivadores bengalís durante un período en el que los gobernantes [musulmanes] en realidad se oponían a la conversión”[18].

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[1]  Hugh Kennedy, The Great Arab Conquests: How the Spread of Islam Changed the World We Live In (Philadelphia, PA: Da Capo Press, 2007), 91.

[2] Ibid. 315.

[3] William Cleveland y Martin Bunton, A History of the Modern Middle East (4th ed.) (Westview Press, 2009), 14.

[4] Hugh Kennedy, Was Islam Spread by the Sword?: The Early Muslim Conquests Revisited. The Yale Conference on Religion and Violence (Yale University, New Haven, CT, 16 de febrero de 2008).

[5] Richard W. Bulliet, Conversion to Islam and the Emergence of a Muslim Society in Iran, in Conversion to Islam, ed. Nehemia Levtzion (Nueva York: Holmes & Meier Publishers, 1979), 36.

[6] Richard C. Martin, Conversion to Islam by Invitation, in Sharing the Book: Religious Perspectives on the Rights and Wrongs of Proselytism, eds. John Witte Jr. y Richard C. Martin, (Eugene, OR: Wipf and Stock Publishers, 2008), 103.

[7] Kennedy, Was Islam Spread by the Sword?

[8] Isma‘il Ibn Kazir, Al Bidayah Wa’l-Nihāyah, ed. ‘Abd Al-lah Ibn ‘Abd Al-Muḥsin Turki (Al-Qahirah (Cairo): Dar Hajr, 1997), 12:667.

[9] Kennedy, Was Islam Spread by the Sword?

[10] Will Durant, The Story of Civilisation: Our Oriental Heritage (Nueva York: Simon y Schuster, 1935), 459.

[11] Ibid. 12.

[12] Sudeshna Guha, Negotiating Evidence: History, Archeology, and the Indus CivilisationModern Asian Studies 39, No. 2 (2005): 403.

[13] Ver, por ejemplo, Derryl N. MacLean, Religion and Society in Arab Sind (Leiden: Brill, 1989), 25-27.

[14] Peter Hardy, Modern European and Muslim Explanations of Conversion to Islam in South Asia: A Preliminary Survey of the LiteratureThe Journal of the Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland 2(1977): 185; la cita al final de esta frase es de la discusión sobre la posición de Hardy en The Rise of Islam and the Bengal Frontier de Richard M. Eaton (Berkeley: University of California Press, 1993), 114.

[15] Rowena Robinson, Modes of Conversion to Islam, en Religious Conversion in India: Modes, Motivations, and Meanings, (Nueva Delhi: Oxford University Press, 2003) 23.

[16] Yohanan Friedmann, A Contribution to the Early History of Islam in India, en Studies in Memory of Gaston Wiet, (Jerusalem: Institute of Asian and African Studies, 1977), 322.

[17] Eaton, The Rise of Islam and the Bengal Frontier, 115.

[18] Robinson, Modes of Conversion to Islam, 26.