Jugar la carta de la taqia: Evadir el debate inteligente acusando de mentirosos a los musulmanes

La confianza es un elemento básico para que los seres humanos vivan juntos de manera amigable en una sociedad multicultural. No es de sorprender, entonces, que la propaganda que ha llevado a las sociedades hacia el genocidio a menudo se centre en describir a un grupo minoritario como inherentemente deshonesto y peligroso. Por ejemplo, antes del genocidio en Ruanda, las figuras políticas les insistieron a los hutus que los tutsi eran un pueblo lleno de odio, peligroso y deshonesto[1]. La propaganda nazi previa al holocausto se enfocó en repetir los viejos estereotipos de los judíos como deshonestos y poco confiables en sus tratos [2].

Como observó astutamente el Dr. Wibke Timmermann: “El discurso de odio regularmente, si no inevitablemente, precede y acompaña los conflictos étnicos y, en particular, la violencia genocida. Sin tal incitación al odio y la exacerbación de las tendencias xenófobas, antisemitas o racistas, ningún genocidio sería posible, y las campañas persecutorias rara vez encontrarían una respuesta de simpatía entre el público en general [3].

La industria contemporánea de la islamofobia ha desplegado exactamente los mismos estereotipos en su caracterización de la comunidad de fe islámica y de 1.600 millones de musulmanes. Con este fin, palabras como Sharía y Yihad han sido explotadas por los islamófobos que afirman los significados pervertidos asignados a dichos términos por los terroristas. Entre tanto, los musulmanes de la corriente principal creen que la Yihad se refiere a una lucha emprendida por la causa de Dios para proteger las vidas y los derechos de los demás, y que la Sharía se refiere al sistema ordenado por Dios, que exige tratar a todos los seres humanos de la mejor manera. Los islamófobos, cuando se enfrentan con esta discrepancia entre lo que ellos quieren que signifiquen las palabras, y lo que los musulmanes en su mayoría creen que realmente significan, recurren a una táctica muy poco sofisticada: simplemente declaran que todos los musulmanes son mentirosos compulsivos.

Por supuesto, eso solo sería una maniobra falaz demasiado obvia, así que, para encubrir ese movimiento con cierto grado de credibilidad, los islamófobos afirman que existe una doctrina en el Islam que les enseña a los musulmanes que deben mentirles a los no musulmanes. Esta doctrina es denominada taqiia. La presencia de una palabra árabe garantiza que se engañará a la gente, y provoca escalofríos a los estadounidenses patriotas bien intencionados, pero mal informados, que desconfían de los extranjeros barbudos que llevan turbantes. ¿Qué podría salir mal?

El verdadero significado de Taqiia

El origen de este término, sin embargo, es un dictamen que permite a un creyente ocultar su fe cuando está bajo amenaza de persecución o ataque de fuerzas hostiles al Islam [Corán 16:106, 3:28]. La palabra literalmente denota ser “temeroso” (Léxico de Lane, p. 310) [4], y de hecho transmite una noción de sentido común presente en todas las culturas y credos: en un contexto en el que alguien está tratando de matarte a ti o a otros a causa de tus creencias, es conveniente ocultar dichas creencias. Un ejemplo famoso es el de Corrie Ten Boom quien les mintió a los nazis respecto a que estaba escondiendo judíos en su ático, y nadie con una consciencia moral la culparía por mentir para salvar vidas de manos de criminales asesinos.

Dado que la palabra taqiia solo ha sido utilizada en el Islam para referirse a los musulmanes salvándose a sí mismos del peligro mortal ocultando su fe [5], eso debería desmantelar fácilmente la afirmación islamófoba de que a los musulmanes se les enseña generalmente a mentirles a los no musulmanes. Sin embargo, cuando se enfrentan al hecho de que su uso del término taqiia es una tergiversación grotesca, los islamófobos recurren a otro concepto en un intento por reforzar su caricatura de los musulmanes como criminales deshonestos. Ellos utilizan el dicho del Profeta: “La guerra es un engaño (khida’ah)”.  Pero aquí, de nuevo, no encuentran apoyo, ya que eso hace referencia a la estrategia militar que involucra trucos, y que ha sido repetida prácticamente por todas las civilizaciones de la historia humana. Es muy famosa, en labios del filósofo chino Sun Tzu, la afirmación que hace en El arte de la guerra: “Toda guerra está basada en el engaño. Por lo tanto, cuando somos capaces de atacar, debemos parecer incapaces, y al usar nuestras fuerzas debemos parecer inactivos; cuando estamos cerca debemos hacer que el enemigo crea que estamos lejos, y cuando estamos lejos debemos hacerle creer que estamos cerca”. De nuevo, encontramos que, detrás del aparentemente aterrador uso de la jerga árabe, no hay nada más que nociones de sentido común que todas las civilizaciones han expresado.

Además, por consenso unánime, los eruditos musulmanes han señalado explícitamente que engañar al enemigo en el campo de batalla (jida’ah) es muy distinto a la traición (jiyanah) o a romper un pacto, y estos últimos están universalmente prohibidos.

La falsa acusación de que el Islam permite mentir

Lo que los islamófobos que venden el mito de la taqiia eligen ignorar es que, si bien el Islam les permite a sus creyentes ocultar su fe frente a la persecución, en ninguna parte el Islam les concede a los musulmanes un permiso general para mentir con la intención de engañar. De hecho, el Islam condena enérgicamente la falta de honradez como rasgo antiético contrario a la verdadera fe en Dios y como señal de hipocresía.

Aisha, la esposa del Profeta, dijo: “No hubo comportamiento más odioso para el Mensajero de Al-lah que la deshonestidad. Si un hombre mentía al narrar algo en presencia del Profeta, él no estaba satisfecho hasta saber que aquel se había arrepentido”.

Además, los musulmanes deben ser completamente honestos y sinceros cuando transmiten las enseñanzas del Islam. El Corán afirma que uno de los mayores males es que una persona mienta acerca de las enseñanzas del Islam, inventando una mentira contra Dios [Corán 39:32].

Fabricando odio contra los musulmanes en Estados Unidos

Los musulmanes han vivido en los Estados Unidos desde sus inicios. Hemos establecido mezquitas, escuelas e instituciones que han servido a toda la comunidad. Somos social, cultural, económica y políticamente una comunidad bien integrada en todo sentido, una comunidad de estadounidenses orgullosos y musulmanes orgullosos que no ven el más mínimo conflicto entre ambas identidades. En los más de 200 años que ha existido esta comunidad, jamás ha habido un caso en el que la comunidad musulmana haya intentado derrocar el sistema. Ni ha habido nunca una mezquita ni un Imam que haya intentado implementar un conjunto alternativo de leyes. Tampoco se ha dado ni un solo caso de musulmanes promoviendo actividades inconstitucionales que infrinjan los derechos de nuestros amigos y vecinos no musulmanes.

En el actual clima de islamofobia, un representante del Estado de Texas envió a uno de nosotros (y a otros líderes musulmanes) una prueba de lealtad a comienzos de este año, para afirmar nuestros valores estadounidenses [6]. En lugar de llegar a nosotros con un espíritu de amistad y entendimiento, decidió someternos a una prueba de fuego que se basó en la intimidación y la sospecha. Con más de medio millón de musulmanes en Texas, de seguro podría haber llegado a uno de sus electores musulmanes o haber visitado alguna de nuestras mezquitas. En lugar de ello, decidió negar décadas de diálogo interreligioso, cooperación multirreligiosa y compromiso civil aquí en Texas. Estas pruebas de lealtad no son nuevas en Estados Unidos, y esencialmente implican una ciudadanía de segunda clase de parte de quienes las reciben. Rechazamos ese estatus y esa caracterización. Al igual que los proyectos de ley “anti Sharía” que se han aprobado en muchos estados, estas maniobras políticas obtienen puntos baratos con las masas temerosas, sin tener ningún efecto en la regulación real.

“No puedes confiar en ellos. Algunos de ellos pueden ser buenos, pero muchos tienen una agenda secreta”. Este es el tipo de racismo que se manifestó tanto en el gobierno como en la comunidad durante y después de la Orden Ejecutiva 9066, que sentenció a casi 120.000 estadounidenses de origen japonés a campos de concentración. En uno de los episodios más vergonzosos de la historia estadounidense, prevaleció una tendencia peligrosa de actitudes antiasiáticas que ocultó los hechos sobre la comunidad japoestadounidense y permitió que esta fuera explotada descaradamente. Esta misma crónica ahora ha encontrado un hogar en el fanatismo antimusulmán.

La narrativa es que la comunidad musulmana es un grupo discreto, unificado, independientemente de su nacionalidad, edad o religiosidad, todo programado para lanzar la “yihad civilizacional” e incapaz de una expresión honesta de su fe que no represente una amenaza para sus vecinos. Los islamófobos comienzan definiendo e imponiendo sus definiciones de términos islámicos ―como Sharía y Yihad― en formas que se ajusten a dicha narrativa, y luego exigen que los musulmanes rechacen los términos y textos tal como ellos los han descrito, bajo riesgo de ser condenados como extremistas por aclarar sus significados. Esto pone a los musulmanes en una trampa imposible: rechazar los términos, textos y principios de su fe para evitar la persecución, u ofrecer la interpretación musulmana de estos “textos problemáticos” y ser acusado de taqiia.

Conclusión

La táctica de descartar todo lo que dicen o hacen los musulmanes que no se ajuste a la narrativa islamófoba, tildándolo de “mentira”, ha sido notablemente eficiente. Es la falacia clásica de “envenenar el pozo”: si no puedes vencer a la oposición con la lógica, entonces destruye su credibilidad antes de que ellos ofrezcan argumentos, así jamás tendrás que debatir con ellos. Los islamófobos se quejan de que la palabra “islamofobia” es una palabra de moda para derribar las críticas hacia el Islam, argumentando que solo quieren tener una discusión crítica sobre el tema. Sin embargo, ellos utilizan el término taqiia exactamente de esa forma para negarles a los musulmanes el derecho a expresar su propia narrativa, que representa a la gran mayoría de los musulmanes de todo el mundo. Piensa en lo imposible que puede ser esta situación: puede comenzar con la falsedad de que los musulmanes no condenan el terrorismo, y cuando se presentan pruebas de que sí lo hacen (véase muslimscondemn.com), se les dice que están mintiendo y ocultando sus verdaderas intenciones. Entonces, más allá de la mentira de que todos los musulmanes mienten, está la realidad de que a los islamófobos no les interesa ninguna verdad relacionada con la comunidad musulmana ni con el Islam.

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[1] Mafeza, Faustin. (2016). Preventing genocide by fighting against hate speech. International Journal of Advanced Research4 (3), 117-132.

[2]  Jews in Nazi Berlin: From Kristallnacht to Liberation. Editado por Beate Meyer, Hermann Simon, Chana Schütz. p. 28.

[3] Timmermann, Wibke (2008). Counteracting hate speech as a way of preventing genocidal violence. Genocide Studies and Prevention: An International Journal3(3), Artículo 8. Disponible en: http://scholarcommons.usf.edu/gsp/vol3/iss3/8

[4] Lane, Edward W., y Stanley Lane-Poole. Arabic-English Lexicon. New York: F. Ungar Pub. Co, 1955. p. 310. http://www.tyndalearchive.com/tabs/lane/

[5] Tafsir Al Qurtubi (4/57): “Y la Taqiia no está permitida, excepto por temor a la muerte, o a la pérdida de una extremidad o a un sufrimiento terrible”.

[6] https://dfw.cbslocal.com/2017/01/26/letter-from-state-representative-angers-n-texas-muslim-leaders