La elección del cambio: Pasos prácticos para la transformación personal (parte 2 de 3)

Tomando acción, pero abandonando demasiado rápido

Y hay también gente que quiere tomar acción, practicar lo que han aprendido. Lo intentan por un par de días, pero luego se dicen: “¡Oh, nada cambia! Sigo intentándolo y no veo ningún cambio”. Un hombre buscó consejo porque había estado intentando, sin éxito, sobreponerse a un hábito de ira que estaba dañando su relación con su esposa e hijos. Había escuchado que toma 10.000 horas el adquirir dominio sobre cualquier cosa y eso era muy desconcertante para él. Después de una pequeña investigación, descubrimos que el origen de esa idea es un libro publicado en 2008, Aislados: La historia del éxito. Su autor, Malcolm Gladwell, hace referencia a lo que él llama la “regla de las 10.000 horas”.

La idea es que toma aproximadamente 10.000 horas de práctica para tener dominio total sobre algo. Ciertamente es verdad que una cantidad tan enorme de tiempo sea un requerimiento para convertirse en superestrella de los NBA o un artista de talla mundial. Michael Jordan, posiblemente el mejor basquetbolista de todos los tiempos, fue despedido de su equipo de basquetbol en el colegio. Entonces, ¿cómo ganó seis campeonatos de la NBA? Si bien sus dotes a lo largo de sus años de colegio pueden haber sido inferiores en relación a los de otros jugadores en el equipo, tuvo la dirección y cultivó en sí el deseo de dominio muy superior a la gran mayoría de los demás jugadores. Se exigió más a sí mismo y practicó más que los demás. Su arduo trabajo fue, por supuesto, remunerado.

 Sin embargo, nos estamos enfocando aquí en la práctica de cualidades personales o de nuevos hábitos de comportamiento, o en técnicas con miras a la superación personal. Podemos dar una mirada a la neuropsicología para un asesoramiento más realista de cuánto lleva instaurar un nuevo hábito de comportamiento. Los hábitos conductuales crean sendas en el cerebro. Estas sendas neurales son básicamente conexiones de neuronas que transmiten mensajes electroquímicos a través del cuerpo. Cada vez que aprendemos algo nuevo o enfocamos nuestra mente con concentración, sendas neurales son creadas, y así ocurre a lo largo de nuestras vidas. Aprender a amarrarnos los zapatos o a montar en bicicleta de niños, o aprender a utilizar Microsoft Excel o manejar un carro, cada vez el cerebro establece sendas neurales de modo que nuestras acciones gradualmente se van incorporando como una “segunda naturaleza” y se hacen fáciles de ejecutar sin esfuerzo consciente. Al principio nos sentimos extraños e ineptos en la nueva actividad, y el progreso puede ser lento y gradual; pero con la práctica, y paso a paso, nuestra habilidad mejora.

Podemos pensar en hábitos de pensamientos y conductuales como sendas que se hacen más y más marcadas. Es como un canal a través del cual fluye agua: el agua siempre fluye a través de este canal a no ser que sea bloqueada por algo, entonces otro camino se labra.

Los investigadores han encontrado que las nuevas sendas neurales pueden crearse entre 30 y 60 días con un esfuerzo enfocado. La persona que automáticamente se dirige a la cocina cuando su ánimo se altera o cuando se sienten ansiosos o depresivos, utilizando la comida para mejorar temporalmente sus sentimientos, lo que hace es que está cruzando una senda neural que le es bien conocida y familiar. El esfuerzo que requiere generar una nueva senda, aprender a calmar el ego de maneras más productivas, se siente absolutamente extraño y es difícil al principio, hasta que se haya atravesado por el mismo camino las suficientes veces y comencemos a sentirnos “bien”, confortables, y disfrutemos de este nuevo hábito adquirido.

Podemos encontrar gran motivación en el hecho de que el cerebro está en cambio constante, y simplemente tenemos que mantenernos con el deseo de actuar como individuos autónomos, capaces de crear nuevos hábitos de vida en cualquier momento en que decidamos mejorar nuestra calidad de vida. Esta neuroplasticidad del cerebro nos permite escoger genuinamente cómo vivimos nuestra vida. La clave es practicar, practicar, practicar. Se dice que “la práctica hace al maestro”. ¡Podemos decir que la práctica hace sendas neurales perfectamente delineadas y marcadas hacia la maestría del ser!

Practicando lo mismo y obteniendo los mismos resultados mediocres

Algunos comprometidos con el cambio practican la nueva habilidad y comportamiento y no se dan por vencidos al poco tiempo. Establecen un parámetro fundamental en su práctica, y simplemente continúan teniendo la misma práctica repetitiva incluso si están obteniendo resultados mediocres. Puede que se digan a sí mismos: “Debe haber algo mal conmigo. Deben existir secretos en el aprendizaje, los cuales ignoro. He intentado persistentemente pero no estoy obteniendo resultados reales”.

Una pareja vino buscando consejo porque el esposo, Ahmad, tenía el hábito de culpar a su mujer por cada pequeña ―y gran― cosa, y la esposa había cosechado resentimiento hacia él por ese hábito y por muchas otras cosas. (Para proteger la privacidad, el caso que presentamos es una amalgama de un cierto número de varios casos abordados actualmente.) La esposa deseaba trabajar en sí misma y practicar técnicas para eliminar y evitar acumular resentimiento. El esposo reconocía esta tendencia a culpar. Aun así, cada vez que se le presentaba la oportunidad de escoger una manera más emocionalmente inteligente de transmitir un descontento o insatisfacción, simplemente se comía sus palabras y se retiraba. Pero entonces, más tarde ese mismo día o al día siguiente traía nuevamente a colación el incidente y caía en su retahíla de bombardeos culpabilizantes.

Justificaba su nuevo hábito de retrasar su retahíla para después diciendo que por lo menos lo estaba intentando. Y, por supuesto, “intentaba” una y otra vez, con la misma rutina, sin nunca superar ese punto. Es como si supiera que existía un hueco en la avenida y cada vez que se acercaba al hueco, lo veía, giraba a su alrededor, y más tarde regresaba para caer dentro de él. ¡Cada vez!

Piense cómo una actividad, una vez se hace rutinaria, puede convertirse en “una segunda naturaleza”. Cuando manejamos un carro, no tenemos que pensar conscientemente en girar la llave para encenderlo, mantenernos alejados de la acera, acelerar y parar en los momentos adecuados, etcétera. Desafortunadamente, el mismo fenómeno tiene lugar cuando practicamos algo. Puede tornarse habitual y mecánica, sin propósito ni beneficio. Por ejemplo, cuando un gimnasta principiante aprende una rutina en la barra de equilibrio, si aprendió sin poner cuidado a la importancia de mantener el cuerpo erguido y vertical, perpendicular en relación a la barra, incluso si practica su rutina mil veces, no va a mejorar aquello en lo que se necesita una mejora, es decir, la relación entre una adecuada posición y el mantenimiento del equilibrio. Nuestra práctica de nuevas actitudes y/o comportamientos requiere la misma meticulosa atención a momentos específicos involucrados en el cambio, y dar especial atención a las áreas que presentan debilidades durante el régimen de práctica.