La elección del cambio: Pasos prácticos para la transformación personal (parte 1 de 3)

La vida terrenal agobia a la gente. Aun así, hay un argumento para hacer que el peso del mundo hoy en día ejerza una influencia más fuerte de la que ejercía sobre nuestros antepasados. Los desastres tanto naturales como políticos y sociales generados por el hombre abundan. Su efecto sobre la mente, el cuerpo y el espíritu pueden ser arrolladores. Especialmente para los millones que ahora buscamos consejo que sea un alivio para la ansiedad, la depresión o la adicción, generalmente para las tres. En el trasfondo de la mayoría de los trastornos del comportamiento está un único y urgente deseo: el de escapar de la intensidad del mundo y de los retos de la vida personal.

Como musulmanes somos Mukalaf, sabemos y aceptamos que la vida de este mundo es una prueba permanente; y la forma en que respondamos a sus pesadas demandas bien nos dará un corazón puro y sano o lo corromperá y lo endurecerá. Sin embargo, cuántos de nosotros fallamos en comprender que las cosas que determinan la flexibilidad del corazón no son solo los deberes religiosos externos, tales como el salah y el ayuno, sino también un sinfín de detalles del régimen de vida cotidiano. De hecho, en cada momento estamos escogiendo si purificamos o endurecemos nuestros corazones. Tal es la confianza depositada en el ser humano, puesto que aceptó la divina amánah de la fe y la voluntad, y el peso de las obligaciones y las responsabilidades, así como el riesgo del Infierno que esto conlleva, cuando otras creaciones rechazaron ser depositarios de esta confianza [Corán 32:13; 33:72]. Cada uno de nosotros somos ―como dicen los sabios― mukalaf, es decir, que llevamos la carga de la obligación de escoger la acción correcta y somos responsables frente a Dios por las elecciones que hacemos. Así, por ejemplo, cada vez que ponemos en práctica el escuchar empáticamente a nuestro cónyuge o hijos o amigos o colegas, estamos haciendo la elección. Cada vez que rechazamos caer en la indulgencia de pensamientos negativos y autodestructores, estamos escogiendo, haciendo la elección. Cada vez que actuamos bajo el efecto de la ira, que rezamos mecánicamente y sin enfoque, que permitimos que se construya algún resentimiento interior, que regañamos a nuestros hijos con hostilidad, estamos igualmente escogiendo.

Pureza o corrupción, pureza o corrupción, pureza o corrupción. Una y otra vez nuestras elecciones cuentan.

Aun así, algunos dicen: “Siento como si no tuviera la fuerza o la voluntad de escoger”. O: “Si se tratara de un simple asunto de escoger una pequeña porción, de modo que controlara el azúcar de mi sangre y no tuviera que usar medicamentos o inyectarme con insulina, lo haría. Mi problema es que no puedo controlarme”.  El asunto del autocontrol y de saber autorrestringirse es crucial. Consideremos el siguiente verso: {¿Y qué te hará comprender lo que es el camino del esfuerzo? Es liberar (al esclavo) de la esclavitud, y dar alimentos en días de hambre al pariente huérfano o al pobre hundido en la miseria. Y ser, además, de los creyentes que se aconsejan mutuamente ser perseverantes (en el camino del esfuerzo y de la fe) y ser misericordiosos (con el prójimo)} [Corán 90:12-17].

En este verso, “liberar (al esclavo) de la esclavitud” es literalmente en árabe “liberar un cuello”. Esta frase implica el sentido general de liberar al ser humano de cualquier tipo de esclavitud. La esclavitud, por extensión puede ser cualquier tipo de estado de servidumbre o de cautividad. Se puede estar cautivo de una adicción, de cualquier hábito autodestructivo, de la ignorancia, de la pobreza, etcétera. “Liberar un cuello” de otro ser humano es entonces ayudarlo cuando se encuentra en necesidad, protegerlo del peligro, contribuir con su sanación, o intervenir en su nombre en cualquier intento benevolente. Entonces, de acuerdo con este verso, podemos decir que más allá del nivel fundamental de la creencia, el camino del esfuerzo comprende tres obligaciones:

  1. Asegurar justicia social: Representada en el verso como “y dar alimentos en días de hambre” al necesitado.
  2. Comprometerse en la práctica del dominio del propio ser: Representado en promover y practicar la paciencia y perseverancia.
  3. Cultivar la cualidad de la misericordia: Representada en la práctica y la promoción de una actitud compasiva y misericordiosa.

En este corto verso, Al-lah nos recuerda sobre el papel fundamental de la creencia en nuestras vidas, sobre nuestra responsabilidad de ayudar a otros y de trabajar activamente para que se apliquen la justicia y la misericordia. Aun así, en el eje central de todo esto reside la misión del dominio personal.

Esto trae a la mente la historia moral del viejo hombre sentado con dos de sus amigos en un café. Uno de ellos le pregunta qué considera que sea la cosa más importante que haya aprendido a lo largo de su vida. Este responde: “En mi juventud, me sentía seguro de mí mismo, lleno de entusiasmo, y solía pedir a Dios que me ayudara a cambiar el mundo. Cuando cumplí mis cuarenta, comprendí que ya la mitad de mi vida había terminado, y fui lo suficientemente honesto como para reconocer que no había influenciado a nadie ni había cambiado nada. Entonces pedía a Dios que me ayudara a cambiar a los seres más cercanos a mi alrededor, los cuales tenían muchas imperfecciones y hábitos nocivos. Aun así, nadie me escuchó, y mis relaciones se hicieron aún más difíciles. Ahora soy un hombre viejo y mi oración es realmente sencilla. Le pido a Dios que me dé la fuerza y determinación para cambiarme a mí mismo”.

La prueba de la vida

Esta anécdota, por supuesto, resume la pregunta esencial de la vida: ¿Cómo cambiarnos a nosotros mismos? Dos de los más populares y efectivos tipos de terapia o ayuda que se utilizan para que la persona pueda tratar problemáticas como la ansiedad, la depresión, las fobias y demás, son la terapia de comportamiento cognitivo (CBT por sus siglas en inglés) y la terapia de comportamiento emotivo-racional (REBT). Los enfoques de estas terapias proponen que es la creencia que tenemos sobre un evento, más que el evento en sí, lo que nos causa ansiedad, depresión, ira y demás. Por ejemplo, un niño no se comporta adecuadamente por algún factor común como, por ejemplo, fatiga o egoísmo infantil, pero los padres piensan: “¿Cómo se atreve a comportarse así enfrente mío, que soy su padre?”. La consternación del padre lo empuja a gritar al niño y le pega. No es realmente el comportamiento del niño el que ha desencadenado la consternación del padre, sino más bien la creencia del padre sobre el comportamiento y lo que este cree que debe considerarse como el respeto adecuado hacia un padre.

Los estudios que han empelado CBT o REBT han arrojado las técnicas o mecanismos más efectivos de cambio. Lo que demuestran es que llevar un récord del pensamiento para observar y enfrentar creencias y pensamientos automáticos de negativismo, irracionalidad o de naturaleza falaz es muy efectivo. Proveen al individuo de una mayor claridad para poner de mejor manera las cosas en perspectiva y así examinar lógicamente dichos pensamientos y determinar con evidencia si son o no válidos. Pero los participantes en este estudio (y en general la gente que desea hacer un cambio positivo en sus vidas) tuvieron un éxito muy superior cuando además se involucraron en “experimentos del comportamiento”, o experimentos diseñados para proveer al individuo con una experiencia en la vida real para calificar o calibrar si un pensamiento o creencia en particular es válido o verdadero.

Por ejemplo, consideremos a un individuo que cree y tiene el temor persistente de pensar que, si habla en clase, todos lo tildarán de estúpido. El experimento se diseña, se lleva a cabo, y entonces el individuo evalúa el resultado. En el caso de la estudiante, una mujer, que duda de participar en clase, ella y su consejero diseñan el experimento para que se realice durante la siguiente sesión de clases donde ella se hará voluntaria para responder a alguna pregunta hecha por el profesor, aunque sea con una respuesta muy corta del tipo “sí” o “no”. Al evaluar la experiencia, ella podrá determinar que “ni siquiera uno de los estudiantes me miró. Fue como si el curso de la clase simplemente continuara sin interrupción… nunca ocurrió el tan esperado tipo de desastre. ¡Se sintió genial!”.

En estos estudios, los experimentos conductuales expanden la experiencia que ayuda a generar el cambio, desde ser inicialmente intelectuales, ocurrir en la cabeza, a un nivel más profundo que implica los sentimientos, lo que es globalmente más convincente. En otras palabras, el experimento conductual involucra no solo el intelecto, sino también sentimientos, la experiencia física de una mayor confianza, o de que “algo simplemente se sintió bien”.

Estos experimentos conductuales o del comportamiento son exitosos porque van más allá de lo meramente racional. Puede que la estudiante se diga a sí misma: “No seas tonta. Por supuesto que no eres estúpida”, e intelectualmente sabe que los demás estudiantes no la perciben como estúpida. Pero si bien la inferencia racional es correcta, no es suficiente para generar un cambio en su experiencia física y emocional en relación a dudar de sí misma y carecer de la confianza suficiente para hablar en público.

De modo similar, cuando un individuo practica un sentimiento de gratitud o de aprecio por las cosas buenas en su vida a modo de regenerar un ritmo del corazón sano y constante (conocido como “coherencia rítmica del corazón”), se le solicita que haga un recuento de momentos en su memoria que provoquen cálidos y placenteros sentimientos. Con el paso del tiempo y con práctica, la mayoría es capaz de auto generar sentimientos de gratitud o aprecio a través del entrenamiento de biorretroalimentación, sin necesidad de hacer referencia a la memoria original. Nótese que, como dijimos antes, la memoria debe provocar un “sentimiento” cálido y plácido. Este es el incentivo por el que el Dr. Rollin McCraty, director de investigaciones del Institute of HeartMath dice: “Es importante enfatizar que no es la imagen mental de una memoria lo que genera el cambio en nuestro ritmo del corazón, sino más bien las emociones asociadas a dicha memoria. Las imágenes mentales por sí solas no producen los mismos resultados significativos como los que observamos cuando alguien se enfoca en un sentimiento positivo”.

El Corán verifica esta observación: {…[Dios] guía hacia Él a quien se arrepiente. Los corazones de los creyentes se sosiegan con el recuerdo de Dios. ¿Acaso no es con el recuerdo de Dios que se sosiegan los corazones?} [Corán 13:27-28].

Aquí, el efecto emocional del arrepentimiento, y más específicamente la interna asimilación de Al-lah como Quien acepta el arrepentimiento, es lo que infunde tranquilidad en el corazón. El sensato enfoque de comprendernos a nosotros mismos como seres pensantes y con sentimientos nos obliga a ver tanto el cerebro como el corazón como elementos esenciales en cualquier intento por cambiar en pro de nuestra mejor versión…lo que nos remite a la prueba esencial de la vida: Cómo cambiarnos a nosotros mismos. ¿Alguna vez ha intentado perder peso, ser más paciente, o dejar de gritar a sus hijos? Estos y otros innumerables intentos de mejorar la calidad de nuestras vidas cotidianas, por lo general, se estrellan contra la pared.

Intentamos, una y otra vez, nuevas dietas, más determinación para evitar sentir una urgencia cuando la fila de pagos se hace larga en el almacén; deseamos tanto encontrar mejores maneras que funcionen mejor y no nos dejen sintiéndonos culpables sobre cómo lidiamos con nuestros hijos cuando son bulliciosos y molestos porque simplemente están siendo niños. ¿Qué nos impide ser capaces de modificar patrones de comportamiento negativo cuando sabemos que nos hacen sentir miserables y que comprometen nuestro esfuerzo de purificar nuestros corazones y almas?

Leer, hablar, soñar… pero sin acción

Algunas personas que desean cambiar algo en su comportamiento, en su carácter o en sus hábitos cotidianos de vida, emplean un tiempo considerable leyendo libros, asistiendo a seminarios, o buscando apoyo en fuentes de información de autosuperación. Consumen cantidades infinitas de información y conocimiento, y aun así no experimentan ningún cambio genuino. Vernon Howard, autor y maestro, dice sobre este dilema: “Muchos de nosotros tocamos a la puerta, pero permanecemos afuera, puesto que tocar y entrar son acciones totalmente diferentes. Tocar es necesario, y consiste en leer libros, asistir a reuniones, hacer preguntas. Pero entrar requiere una acción mucho más audaz, requiere que entremos en nosotros mismos, descubramos nuestros propios motivos ocultos, veamos nuestras propias contradicciones, y comprendamos nuestro real poder de cambiarnos a nosotros mismos”.

Existe una historia relevante ―quizá apócrifa― de nuestra literatura atribuida a varios eruditos, pero más comúnmente a Abu Hamid Al Ghazali (505 h / 1111 d.C.). Él solía viajar de pueblo en pueblo, con su burro cargado con los libros que orgullosamente había recolectado y que consideraba como evidencia de su vasto conocimiento. Un día, unos ladrones lo acorralaron y robaron su burro y todos sus libros. Él estaba agradecido de que lo hubieran dejado con vida, pero solicitó al jefe de los bribones que le devolviesen sus libros. El jefe de estos le preguntó para qué los necesitaba. Al Ghazali le respondió que esos libros contenían su conocimiento, a lo cual el astuto ladrón respondió: “Si, al tomar tus libros robo tu conocimiento, entonces ciertamente no posees ningún conocimiento”. Al Ghazali comprendió que nunca se había tomado a pecho el conocimiento del volumen de libros que cargaba de un lugar a otro. Prometió que a partir de ese momento solo adquiriría un libro, y cuando hubiera conseguido dominio y puesto en práctica el conocimiento de ese libro, solo entonces adquiriría otro. Esta historia ilustra la importancia de “tomarse a pecho” y poner en práctica el conocimiento que adquirimos.

En Julliard, el conservatorio de artes escénicas de renombre mundial en la ciudad de Nueva York, la cantidad de tiempo dedicado a la práctica es de aproximadamente el 80 por ciento del tiempo de aprendizaje del estudiante. El aprendizaje académico a través de lecturas es del 5 al 15 por ciento del tiempo, y el otro 5 a 15 por ciento está dedicado a la “capacitación para la toma de decisiones”, como las habilidades de improvisación y la habilidad en la interpretación musical. Piensa en esto: ¡80 por ciento del tiempo del estudiante dedicado a la práctica! Y, sin embargo, muchos son los que dicen: “Quiero perder peso o ser más paciente o dejar de gritar a mis hijos”, pero no van más allá de leer material relacionado con su objetivo, pensando en él, lidiando con su realidad, soñando con su objetivo, involucrándose en infinitas charlas internas al respecto, pero sin tomar acción. El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) solía buscar refugio en Al-lah de esto: “¡Oh, Al-lah! Busco refugio en Ti de un conocimiento inútil” (Ibn Mayah).

Una parte del conocimiento inútil es el conocimiento del intelecto y de la lengua, un conocimiento que no se toma en serio y ni se toman acciones al respecto.