La madre mártir y el agotamiento espiritual

El estatus de las madres es altamente exaltado en nuestra religión. Se reportó que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: “El Paraíso está a los pies de las madres”, como un llamado metafórico para que tratemos a nuestras madres con excelencia, puesto que nuestro logro de alcanzar el Yanna puede depender tan solo de esto.

Se reportó que un hombre vino hasta donde el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y le preguntó: “¿Quién es el más merecedor de mi buena compañía?”, a lo cual el Profeta respondió: “Tu madre”; y lo dijo tres veces antes de decir “tu padre” (Bujari).

Muchas mujeres musulmanas sienten como si hubiesen alcanzado algún tipo de cumbre o pedestal en cuanto a su estatus al convertirse en madres. Finalmente, podemos apreciar el recordatorio que nos da el Corán cuando nos recuerda que fue nuestra madre quien nos soportó durante los dolores del parto y quien estuvo allí para nuestra lactancia. Las madres hemos experimentado las noches de insomnio, la preocupación y los dolores de este honorable estatus que no tiene equivalente en la Tierra.

Las madres también necesitan cuidados

Sin embargo, también las líneas se han desdibujado entre lo que significa ser una buena madre y ser una buena musulmana. Cuando muchas de nosotras descubrimos que no podemos mantener el mismo nivel de adoración a Dios que alguna vez alcanzamos, antes de llegar a la maternidad (o que no podemos ayunar durante Ramadán, o es demasiado esfuerzo leer algo del Corán cada día a causa de las demandas de la maternidad), se nos pide que abracemos la maternidad como si de un tipo de martirio espiritual se tratara.

Personas bien intencionadas y de conocimiento nos dan consuelo, que si hacemos de la maternidad nuestro ofrecimiento espiritual para la Ummah, que si nos sacrificamos en pro de criar a la próxima generación y alineamos nuestras intenciones como un acto de adoración, entonces la maternidad puede ser nuestro boleto hacia la salvación cuando muchos otros requerimientos espirituales se van por la borda.

Algunos son lo suficientemente cínicos como para sugerir que la maternidad como martirio es loable, dado que los padres no quieren tomar sus responsabilidades parentales o el cuidado de los niños para facilitar dicho peso. No diré que este sea el caso en definitiva, ni que los hombres sean egoístas o que eludan los deberes de la crianza para mantener las normas sexistas. Solo diré que un exceso de responsabilidades parentales puede ser un peso generador de agotamiento y desgastador, y que ningún ser humano quiere sentir estas cosas. Muchas madres buscarían un escape o delegarían oficios a los demás si esto les fuera posible, y algunas se las arreglan para que así sea a través de los abuelos o de positivos acuerdos poligínicos.

A pesar de todas nuestras nobles intenciones e infinitos esfuerzos, la maternidad no es un acto de adoración como lo es la oración, el ayuno, memorizar el Corán, escuchar sin interrupciones una clase o asistir a un retiro espiritual. La maternidad nos puede ofrecer incontables cantidades de ajr, pero no nutre el alma como aquellos actos de adoración que nuestro Señor ha prescrito y mencionado tantas veces en el Corán y cuya función es satisfacer plenamente el alma humana, sin importar el tiempo, el lugar o el género.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos recordó que, efectivamente, cualquier acto puede convertirse en un acto de adoración cuando se tiene la intención de que así sea, pero no por ello se deben confundir estos actos con los que hacen parte o que son en sí actos de adoración y cuyo único fin es la adoración. Se nos permite seguir la guía profética en nuestros asuntos mundanos, incluyendo el matrimonio y la paternidad, pero seguir la Sunnah no significa que dichas acciones vayan a generar los mismos frutos que la Sunnah de Salat Ad-Dhuhur o del Qiam Al Lail, por ejemplo.

Las mujeres hemos estado tan inmersas en el rol de madres mártires, que sentimos que no somos capaces de alinearnos con nada más, lo que nos pone en peligro de debilitar nuestra fe o caer en depresión. ¿Cuántas de nosotras hemos sacrificado tantísimo por criar a nuestros hijos, para enseñarles nuestra religión, para hacer que Ramadán, el Tarawih y el Eid sean ocasiones de felicidad y orgullo, para que asistan a clases de Corán, para lograr conseguir tarjetas de juego en árabe para nuestros pequeños, para enseñarles modales a los hermanos, para dar seguridad a los adolescentes contra el fenómeno del acoso y la intimidación? Hay casos en que las madres se han convertido en la única fuente de guía espiritual y de conexión emocional en la familia. Damos tanto para darnos cuenta de lo sorprendentemente vacías que nos sentimos por dentro.

Primero humana y luego mujer

Antes de identificarnos como mujeres, somos seres humanos. Al-lah se dirige a la humanidad en múltiples ocasiones en el Corán, siendo la más conocida quizá la de la sura An-Nás (La humanidad):

{Di: “Me refugio en el Señor de los seres humanos, en el Rey Soberano de los seres humanos, en el [único] Dios de los seres humanos…”}

Si bien existen ayas específicas para cada género en el Corán, la gran mayoría del Corán como recuerdo y como libro guía no es específico para cada género. Hombres y mujeres son mitades gemelas de la humanidad, y en nuestra esencia somos lo mismo: somos carne y huesos creados de barro, al cual le fue insuflado el ruh o alma, que pertenece a Al-lah y que es lo que nos hace estar verdaderamente vivos. Dentro de cada mujer hay un corazón, el contendor de nuestra fe, y dicho corazón es propenso a las mismas debilidades y tentaciones que el de un hombre. El corazón de una mujer no es más ni menos resistente y necesita el mismo cuidado y atención para su bienestar. Entonces, los actos de adoración, con el objetivo de procurarse un qalbun salím, un corazón sano, aplican para los dos géneros por igual. Más que vernos a nosotras mismas como mujeres en el contexto de nuestra religión, necesitamos vernos a nosotras mismas como humanas.

El desbalance causado por la fijación del género y por la polarización

No cabe duda de que hay órdenes específicas para cada género, recordatorios y aspectos para la comunidad musulmana. Sin embargo, después de haber sido miembro activo de varias comunidades musulmanas por más de quince años, creo personalmente que tenemos demasiada fijación por el género. Asuntos que polarizan el género como el matrimonio, los límites en la mezquita, el hiyab, entre otros, han tomado el protagonismo, especialmente en Occidente, en detrimento de otros asuntos más urgentes.

Incluso en Oriente pareciera que no podemos escapar de la obsesión del género y de asuntos relacionados con esto. No se está diciendo que los asuntos relacionados con el género no deban ser tratados, pero creo personalmente que es un tipo de enfermedad en nuestra comunidad y que hemos relegado o puesto de lado asuntos más importantes y espirituales y la manera de tratarlos en favor de las discusiones de género que suelen con frecuencia polarizar a la humanidad en dos campos resistentes. Como mínimo debemos tener estas discusiones de una manera más apropiada y que promuevan que hombres y mujeres trabajen juntos.

Cuando estudiamos la Sunnah del Profeta, tenemos la impresión de que el género no era un punto primordial. Al parecer se veían a sí mismos como musulmanes y trabajaban con la misma capacidad para difundir el mensaje del Islam. Por supuesto el género afectaba ciertas situaciones, pero en general la comunidad estaba unida y dedicada a su propio bienestar espiritual, permitiendo que tanto hombres como mujeres contribuyeran y mantuvieran sus actos de adoración de manera indiscriminada. El género, para ellos, no era tan crucial para definir el éxito religioso o incluso mundano. El género dictaba ciertos roles y reglas, pero no definía a los musulmanes de la manera en que lo hace hoy en día.

Nuestra comunidad está saturada de individuos que enfocan los problemas dentro de un contexto específico de géneros, y entre más se habla al respecto, más las personas perciben sus vidas definidas por su sexo. La maternidad es ciertamente un rol importante, pero no es sano cuando las mujeres se empiezan a definir exclusivamente por términos específicos al género: madre, esposa, hiyabi, etc. Creemos erróneamente que esos son los roles que nuestra religión tiene para ofrecernos.

Por el contrario, cuando se estudia a las sahabiat encontramos términos (en nuestro léxico moderno) como devota, estudiante, erudita, maestra, trabajadora social, filántropa, activista y otros. No hay duda de que estas mujeres eran maravillosas esposas y madres, pero con frecuencia encontraron una posición más allá de la doméstica que las conectaba al Din, aunque fuese solo perfeccionando su propio Salah y convirtiéndose en devotas siervas en sus casas. Su éxito como musulmanas no empezó con el matrimonio ni terminó con la llegada de los hijos.

Los peligros de exaltar la maternidad como martirio

Con demasiada frecuencia en nuestra comunidad se exalta la maternidad como martirio, como si verdaderamente fuera un sacrificio de la mente, el cuerpo y el espíritu que lleva directamente a la mujer al Paraíso del mismo modo que al shahíd en el campo de batalla. Permítanme recordarles que, si bien la maternidad honra a la mujer con un elevado estatus en la vida mundana en cuanto al trato que sus hijos le deben, en ningún momento se puede equiparar los dolores del parto y de dar a luz con la adoración o con la yihad que lo hacen a uno candidato al Paraíso.

Sí, tener la intención de hacer algo por amor a Al-lah hace que ese algo se convierta en un acto de adoración merecedor de ajr, pero la maternidad no es inherentemente un esfuerzo espiritual. En todo el mundo, desde tiempos inmemoriales, independientemente de la religión, las mujeres han dado a luz y criado a sus hijos. Este proceso es parte de un componente biológico para la proliferación de la raza humana en la Tierra.

Ciertamente, los dolores del parto expían los pecados de la creyente, pero esto no necesariamente trae cercanía con Al-lah, como lo hace poner la cabeza en el suelo en suyud durante el Qiam Al Lail. De hecho, la maternidad suele deteriorar el cuidado personal espiritual y causar, en consecuencia, una fe baja. Es difícil cuidar de uno mismo cuando se carga con la responsabilidad de cuidar de otros que no tienen la madurez para ser responsables de sí mismos.

La maternidad hace que muchas musulmanas se depriman, deseando el retorno de los días cuando el cuidado espiritual era más asequible, cuando ayunar y rezar el Qiam Al Lail o tomar clases era aún una opción que no causaba un cansancio exhaustivo. Es aquí cuando muchos miembros de comunidades y líderes entran en acción y recuerdan a las madres que este sacrificio es noble y que criar a la siguiente generación es loable.

Sin embargo, criar a la siguiente generación, formar un “buen musulmán”, no se traduce en la propia buena formación. Como cualquier otra persona, una madre deberá presentarse frente a su Creador en el Día del Juicio. Como cualquier otra persona, ella se debe preparar para ese día. Como cualquier otra, su alma anhela la cercanía con su Señor tanto en esta vida como en la otra. Recordarle que su niño parece estar lográndolo no implica que ella también.

Retornando al frente

Más que hablar sobre maternidad y paternidad, necesitamos charlas dirigidas a los musulmanes sobre cómo ser excelentes padres, charlas que nos unan en esto porque, lo creamos o no, la mayoría de la crianza y de la paternidad no es específica de un género, especialmente cuando los niños son más grandes. Nuestra comunidad necesita padres unidos, no divididos por los roles de género.

También necesitamos más charlas sobre el matrimonio que se dirijan a nuestras necesidades humanas y espirituales y que provean sugerencias sobre cómo los esposos pueden mutuamente facilitarse el uno al otro que cada cual busque y se haga más cercano de Al-lah, y así se mantengan espiritualmente sanos ambos, en lugar del tópico “marido-mujer” que nos polariza aún más y relega los roles conyugales a los “derechos y responsabilidades” domésticos.

La maternidad como martirio no es sana y necesitamos más balance en nuestra comunidad para asegurar familias sanas y una práctica exitosa de nuestro Din. Si hay un asunto específico de género en el que necesitemos enfocarnos, ese debería ser combatir la visión de la maternidad como martirio y promover que hombres y mujeres nos veamos a nosotros mismos como partes complementarias en humanidad, con la tarea de ayudarnos unos a otros a lograr el éxito y alcanzar el Yanna, comenzando por nuestros hogares y con nuestros propios hijos.