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Separación entre Iglesia y Estado: ¿Secularismo?

La separación entreIglesia y Estado está ampliamente aceptada en Occidente y se ha convertido en un inquilino del pensamiento político aceptado a nivel mundial. Históricamente, la idea surgió como estrategia práctica para lidiar con cuestiones relacionadas con las variedades de cristianos y otras personas residentes bajo el ámbito de la cultura occidental. 

La universalizaciódel principio 

Gradualmentesin embargola separación entre Iglesia y Estado se convirtió en una premisa popular para la conducta de todos los estados modernos. Ahora se ve que la ciudadanía, en lugar de la religión, es la base para pertenecer a un Estado, ya que los ciudadanos pueden tener diferentes religiones. 

Si el Estado se compromete con una religión, los miembros de otras religiones pueden sentirse discriminados, ya que eso significaría que se les impondría una religión extraña para ellos. Se les podría prohibir la práctica de rituales de su religión y se les podría privar del derecho de ocupar ciertos cargos en el Estado, como la oficina de la presidencia u otras posiciones clave. Esto crearía disturbios y conflictos que presentarían obstáculos para el progreso de la conducción de los asuntos del Estado. 

¿Secular = Neutral? 

Por dichas razones, los defensores de esta política de separación encuentran que es mejor si un Estado adopta un enfoque secular, sin apoyar ni rechazar ninguna religión. Depende así de los ciudadanos seguir la fe que elijan y practicar los rituales que quieran, siempre que no comprometan los derechos de los demás. 

Este es el lado ideal de un Estado secular neutral que los políticos occidentales pretenden proyectar. Sin embargo, la teoría de la separación entre Estado y religión hace una serie de suposiciones subyacentes que son difíciles de lograr en el mundo real. Consideremos algunas de ellas. 

Se supone que es posible para un Estado secular adoptar una postura neutral con respecto a todas las religiones, con base en la implicación de que la religión interfiere, y posiblemente trastorna, las cuestiones de Estado. Este podría ser el caso si realmente no hubiera relación alguna entre los asuntos de Estado y los valores basados en la religión, y ambas fueran entidades separadas sin solapamiento. 

Sin embargo, las religiones no se ocupan solo de colecciones de creencias, rituales y comportamientos individuales, independientes de la sociedad. Muchas de las religiones más conocidas (en especial judaísmo, cristianismo e Islam) tienen leyes que regulan las relaciones entre las personas (ya sea a nivel individual, dentro de la familia, o que afectan a la sociedad en general), además de otras leyes observadas con respecto a la comida, la bebida y muchos otros detalles diarios que no pueden ser separados de los asuntos de Estado. Casos ilustrativos de ello son las leyes relacionadas con quién puede casarse con quién (parientes cercanos, mezcla de razas, mismo sexo), así como gravar y autorizar la venta de tabaco y alcohol. 

¿Mantenerse neutral? 

Para acomodarse a esto, los políticos occidentales tuvieron que hacer compromisos. Decidieron incluir algunos de los valores de su religión (el cristianismo) en la elaboración de las normas del Estado. Y los valores cristianos son, sin duda, vanguardia en la política exterior occidental, en particular en sus relaciones con el mundo islámico: valores que condenan cualquier práctica que en Occidente sea considerada como violación a los derechos humanos individuales o grupales, afirmando el derecho de las entidades occidentales a intervenir por la fuerza y anular los patrones tradicionales de gobierno y la estructura de familia. 

Al mismo tiempo, algunos aspectos internos importantes de la religión cristiana han quedado fuera de consideración en el establecimiento del Estado. Movimientos liberales recientes en Occidente han llegado a atacar el libro sagrado del cristianismo, afirmando que lo que siempre se creyó que era la Palabra de Dios no es más que escritos de personas profundamente influenciadas por la cultura en la que vivían. Esta visión ha sido apoyada por la existencia de diversas versiones de la Biblia con discrepancias entre ellas. 

Por lo tanto, ciertas restricciones hechas en las escrituras, como la prohibición del comportamiento homosexual, en la visión liberal son tenidas como meras leyes sociales de una época en particular, de manera que no hay razón alguna para cumplir en la actualidad con dichas leyes anticuadas. Este movimiento ha ganado el apoyo de políticos, líderes e incluso eruditos religiosos. El resultado es que el secularismo ha adquirido vida propia y ya no es un punto de vista neutral ni imparcial. El secularismo podría ser visto como una religión en sí misma, que en Occidente tiene sus propios seguidores fervientes que atacan y luchan contra el cristianismo normativo. Cada vez más, el secularismo nos aleja de la fe en Dios (Al-lah) hacia el ateísmo o el agnosticismo. 

Din 

Entonces, ¿cómo pueden los musulmanes acercarse a la tendencia moderna de la separación entre religión y Estado? La postura básica en el Islam es que el Corán es la Palabra de Dios al 100%, y que la Sunna también es un resultado de la guía de Dios hacia el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). 

Las bendiciones del Islam no pueden florecer en una sociedad musulmana cuando los valores morales y las prácticas de la oración, la caridad y el ayuno son separados del Estado, porque todo el paquete del Islam nos guía a través de cada principio que gobierna el Estado y de los principios que traen verdadera bondad a nuestras vidas. Los musulmanes no tienen más elección que rechazar el secularismo, ya que este excluye el marco para implementar la Ley de Al-lah que da vida. 

Los partidarios del Estado secular argumentan que, en principio, los valores de una religión no pueden ser impuestos a los seguidores de otras religiones que están presentes en nuestros países. Sin embargo, si los musulmanes en un Estado son muchos o pocos, el secularismo no es la respuesta. Los no musulmanes en los estados musulmanes serán secularistas a favor de abandonar las leyes del Islam en el Estado, o serán seguidores devotos de su propia religión deseando que el Estado siga las reglas de esta. 

Por lo tanto, cualquiera que sea el caso, no se puede llegar a un acuerdo que satisfaga el punto de vista islámico. Lo que debe señalarse es que, bajo la ley del Islam, las demás religiones no están prohibidas. Al mismo tiempo, a las personas se les proporcionan doctrinas para la legislación y el funcionamiento del Estado que protegen a las personas de todas las religiones que viven en él. 

¿Separados pero iguales? 

Los secularistas en Occidente estarán de acuerdo con esto, pero luego señalarán que bajo la ley islámica no todas las personas son iguales. Los no musulmanes, por ejemplo, no pueden llegar a la presidencia. Bien, en respuesta a ese hecho, el secularismo no es distinto. Ningún musulmán puede llegar a la presidencia en un régimen secular, ya que, para jurar lealtad a la constitución, el musulmán tendría que abandonar parte de su creencia y abrazar la creencia del secularismo que es, en efecto, otra religión. 

Para los musulmanes, el término din, más o menos traducido como “religión”, no se refiere solo a una colección de creencias y rituales, sino que se refiere a una forma de vida holística, que comprende todos los valores, comportamientos y detalles de la vida. El secularismo no puede ser una solución para los países de mayoría musulmana, ni siquiera donde los musulmanes son una minoría considerable, ya que requiere que las personas reemplacen las creencias otorgadas por Dios con un conjunto completamente distinto de creencias hechas por el ser humano. La separación entre din y Estado no es una opción para los musulmanes, ya que requiere que abandonemos el decreto de Dios por el del hombre.