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La disciplina de Al-lah

En ocasiones, muchos padres expresan sentimientos encontrados sobre la disciplina, diciéndoles a sus hijos: “Esto es por tu propio bien”. Y si recurren a castigar físicamente al hijo, a veces dicen: “Esto me duele más que a ti”.

La disciplina de Al-lah, al igual que la de nuestros padres, es para nuestro propio bien. Nuestra desobediencia solo nos duele a nosotros. Al-lah nos dice repetidamente en el Corán que aquellos que rechazan la guía de Al-lah e incurren en Su castigo, solo se lastiman a sí mismos. Al-lah, por ejemplo, dice: {Y extendí nubes sobre ustedes [para que les dieran sombra], y les envié el maná y las codornices [y les dije:] “Coman de las cosas buenas que les he provisto”; pero no Me causaron perjuicio alguno [con sus transgresiones], sino que fueron injustos consigo mismos} [Corán 2:57].

La idea de que estamos siguiendo la guía de Al-lah para nuestro propio bien y no para el de Al-lah es parte de la transformación revolucionaria del paganismo al monoteísmo que fue sellada con la revelación coránica. A diferencia de los monoteístas, los paganos adoran ídolos que exigen sacrificios para la causa de los ídolos mismos. Los ídolos hambrientos exigen sacrificios de carne. Los ídolos codiciosos demandan sacrificios de riqueza. Los ídolos lujuriosos exigen que las vírgenes hermosas sean arrojadas a los volcanes. Estos ídolos en realidad son proyecciones y deificaciones de deseos demasiado humanos, y son irreales, solo existen si los “alimentamos” con sacrificios y con nuestros propios deseos mal dirigidos. En el momento en que dejamos de alimentarlos, se marchitan y dejan de existir.

A diferencia de los ídolos, Al-lah es real, eterno y trascendente. La existencia de Al-lah no depende de nosotros. Todo depende de Al-lah, el Creador de todo, mientras que Al-lah no depende de nada:

{Di: “Él es Al-lah, Uno. Al-lah es el Absoluto. No engendró ni fue engendrado. Y no hay nada ni nadie que sea semejante a Él”} [Corán 112:1-5].

De modo que no lastimamos a Al-lah si fallamos en seguir Su guía. Al-lah no necesita ser alimentado, aplacado ni adorado. Incluso los peores opresores y demonios no lastiman a Al-lah en lo más mínimo. Ellos solo se están lastimando a sí mismos.

Y es por esto que la disciplina de Al-lah es tan fundamentalmente diferente de las formas humanas y paganas de disciplina. Cuando los humanos son disciplinados por ídolos paganos, cumplen sus “deberes” equivocados para proporcionarles a los ídolos lo que ellos quieren y necesitan. Y cuando los humanos son disciplinados por otros humanos, también cumplen sus “deberes” equivocados al hacer lo que los humanos más poderosos quieren y necesitan.

Parte de esta disciplina a nivel humano es inevitable en la crianza de los hijos. Pero cuando los padres dicen “esto es por tu propio bien” o “esto me duele más a mí que a ti”, en realidad no están diciendo toda la verdad. Una cierta cantidad de disciplina es necesaria y beneficiosa para los niños, y también es necesaria para los propios padres a fin de que sus vidas se desarrollen de manera más fluida y placentera. Y aunque los padres sientan dolor cuando dan nalgadas a un niño, no es necesariamente el caso (al menos desde el punto de vista del niño) de que un padre sufre más que el hijo.

Esta disciplina parental demasiada humana debe ser impregnada y finalmente remplazada por la disciplina de Al-lah. Si el niño ve que los padres están imponiendo disciplina simplemente por su propia conveniencia, se hará rebelde. Si el niño escucha a los padres decir: “Esto es únicamente por tu propio bien”, verá que esa es una verdad a medias. Pero si el niño ve a sus padres adorar y someterse a Al-lah, siguiendo la disciplina de Al-lah y aceptando Su guía, sentirá la fuente divina detrás de la disciplina, y gradualmente aprenderá a imitar a los padres y a cosechar las recompensas de la rectitud.

Una vez que el niño llega a la edad adulta es tiempo de eliminar el nivel humano de disciplina por completo y someterse del todo a la disciplina de Al-lah. No hay razón para que los seres humanos adultos sean disciplinados por seres humanos más poderosos por causa del poder, la riqueza, la comodidad y la conveniencia de los gobernantes; eso es zulm (opresión manifiesta). El obrero que es sometido a la disciplina extrema y repetitiva de la fábrica a fin de producir ganancias exorbitantes para el propietario, sufre bajo el látigo de un gobernante opresivo y debe resistirse a esa opresión en nombre de Al-lah. El soldado que se somete a la disciplina extrema y repetitiva del sargento instructor para aprender a luchar y morir para proteger las ganancias extravagantes del banquero, está sufriendo bajo el látigo de un gobernante opresivo y debe resistirse a esa opresión en el nombre de Al-lah.

La disciplina de Al-lah como medio para el crecimiento espiritual

La disciplina, por supuesto, no consiste solo en recompensas y castigos. También implica hacer cosas con regularidad, a tiempo y de forma ordenada. Significa someter el yo a una especie de armonía cuyo principio de orden está fuera del yo, más allá de los deseos vanos del cuerpo y el ego.

Cuando las formas paganas y humanas de disciplina se derrumben, como inevitablemente sucederá, estaremos listos para ayudar al mundo a hallar la disciplina de Al-lah. Y la disciplina de Al-lah no es un mero conjunto de recompensas que deseamos y castigos que tememos, sino también un conjunto de prácticas dadas por Dios que purifican nuestras almas y nos permiten vivir juntos en la clase de armonía que promueve el crecimiento espiritual para todos.

Algunos aspectos de la disciplina de Al-lah

La oración es una de las formas más importantes de disciplina de Al-lah. Realizar la oración ritual cinco veces todos los días, en los horarios establecidos, es una forma muy poderosa de disciplina. La práctica regular de la oración nos enlaza espiritualmente a los ritmos del Sol y de las estaciones, y socialmente a nuestros hermanos humanos que rezan con nosotros. Aquellos que hacen con regularidad la oración, dándole la cara a Al-lah cinco veces diarias, son menos propensos a necesitar la disciplina de policías, soldados y jefes, y es más probable que hagan lo correcto por la causa de Al-lah o, para ser más exactos, por el bien de sus propias almas, que dependen por completo de la luz omnividente de Al-lah.

El ayuno de Ramadán es otra parte clave de la disciplina de Al-lah. Si un gobernante humano opresor te dice que no comas, bebas ni copules durante un período específico, para que así él pueda valerse de tu comida, tu bebida y tu cónyuge, probablemente no querrás someterte a dicha disciplina. Pero Al-lah nos dice que nosotros ayunamos por nuestro propio bien, “si solo supieran”. Al someternos a la disciplina de Al-lah, purificamos nuestras almas, elevamos nuestra consciencia, obtenemos autocontrol sobre nuestro ego (nafs), aprendemos a sentir empatía con los pobres y hambrientos, y a comportarnos de modo caritativo con ellos.

La caridad obligatoria (Zakat) o purificación de la riqueza, es otro aspecto de la disciplina de Al-lah que realizamos para nuestro propio beneficio. La práctica regular de la caridad nos entrena a pensar en los demás, controlar el ego y someternos al bien mayor.

El Dhíker, el recuerdo de Al-lah, es otra forma importante de la disciplina de Al-lah. El Corán nos instruye a recordar a Al-lah “sentados, de pie o recostados de lado”. En otras palabras, no solo pensamos en Al-lah durante las cinco oraciones diarias, cuando estamos realizando los movimientos de pararnos, inclinarnos, prosternarnos, etc., sino que debemos recordar a Al-lah a lo largo del día y de la noche, sin importar lo que estemos haciendo, sin importar la posición de nuestro cuerpo. Entrenarnos en pensar en Al-lah y ver la belleza de las señales de Al-lah en el mundo, en sentir gratitud por esta existencia y por las cosas buenas que Al-lah nos proporciona, es una disciplina importante, de hecho.

Buscar el conocimiento es otro aspecto ineludible de la disciplina de Al-lah. En lugar de regodearnos a ciegas y de forma ignorante en nuestros pequeños capullos, y de preocuparnos solo por los aspectos limitados de la creación que nos ayudan a satisfacer nuestros deseos, debemos buscar el conocimiento de Al-lah y de Su creación. El conocimiento tiene su propia recompensa, pero para obtenerlo debemos someternos a la disciplina del buscador de conocimiento. Debemos establecer los hábitos de la oración, el ayuno, la caridad, el Dhíker, etc., y debemos disciplinarnos para buscar el conocimiento islámico. Ello no significa que debamos estudiar únicamente Fikh (jurisprudencia islámica) e ignorar la literatura, la filosofía y la ciencia. En lugar de ello, debemos estudiar toda la creación, incluyendo los seres humanos y las sociedades en que viven, comenzando con el postulado de que todas las cosas que estudiamos son señales de Al-lah, y de que la guía divinamente revelada puede ayudarnos en nuestra búsqueda de la verdad. Necesitamos un conocimiento cimentado en los principios básicos revelados en el Corán, no una variedad aleatoria de “hechos” sin propósito ni significado. En este sentido, el Islam proporciona una disciplina (en el sentido académico de “conjunto de principios estructurados” o “metodología”) que podría verse como la metadisciplina que abarca e informa a todas las disciplinas menores del conocimiento y la práctica.