Los principios rectores de la fe: Sinceridad, honestidad y buena voluntad en el Islam (parte 1 de 4)

En el nombre de Al‑lah, el Clemente, el Misericordioso

Introducción

En el Islam, siempre debemos practicar nuestra fe con sinceridad (ijlas), honestidad (sidq) y buena voluntad (nasihah). Cada una de estas virtudes incluye una dimensión vertical (en relación con Al‑lah) y una dimensión horizontal (en relación con los demás); ellas nos dicen cómo comportarnos con Al‑lah y cómo comportarnos con los demás. Las virtudes en el Islam, como estas, actúan como principios rectores en todos nuestros asuntos, desde nuestras interacciones cotidianas mundanas hasta la conducta de naciones y todo lo que hay en medio. Su propósito es estar en el frente de nuestras mentes en todo momento, y ser consideradas en todas nuestras decisiones. En este artículo explicaremos el significado de estas virtudes, de acuerdo al Corán y la Sunnah, con el propósito de desvelar su relevancia para nosotros en esta vida y en el Más Allá.

Sinceridad

La primera obra que un musulmán (hombre o mujer) debe realizar para hacer bueno su Islam, es purificar su intención (niyah) en la adoración y en los actos religiosos. Debemos actuar con sinceridad por la causa de Al‑lah y no dedicar nuestras obras a ningún otro, ni a través de la idolatría (shirk) ni de la hipocresía (nifaq) ni de la ostentación (riya’).

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Las obras valen por su intención. Cada persona recibirá solo lo que se proponía. Para quien emigró para obtener algo en el mundo o para casarse, su emigración será para aquello por lo que emigró” (Bujari).

Los primeros juristas y eruditos como Ash-Shafiʻi, Aḥmad Ibn Hanbal, Abu Dawud, Al-Daraqutni y At-Tirmidhi estuvieron de acuerdo en que este hadiz abarca un tercio del Islam. Al Bujari decidió iniciar con él su colección de tradiciones auténticas. Ash-Shafiʻi también dijo que este hadiz abarca setenta tópicos de jurisprudencia (Fiqh), con lo que se refería a una gran cantidad de temas, e Ibn Mahdi animó a los autores a incluirlo al comienzo de cualquier obra para aconsejar a sus estudiantes a corregir y renovar continuamente sus intenciones. La intención correcta, que es sinceridad, es el fundamento de todo lo demás que hacemos en el Islam.

Todo acto de adoración, caridad y cualquier buena obra serán juzgados por la intención detrás de ello. Al‑lah sabe los motivos internos reales, incluso los más secretos, de todas las obras que hacemos, y esos motivos saldrán a relucir en el Día de la Resurrección

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “La gente será levantada para el juicio de acuerdo a sus intenciones” (Ibn Mayah).

Debemos cultivar activamente la virtud de la sinceridad en nuestra adoración y en nuestras obras, pues ese es el primer paso bendito en el camino recto hacia la vida eterna en el Más Allá. Abu Sulaimán dijo: “Bendito aquel que da un solo paso sin desear nada más que a Al‑lah, el Altísimo”.

En verdad, Al‑lah nos ha ordenado hacer sincera nuestra adoración solo por Su causa. La sinceridad no es solo una virtud deseable, es un prerrequisito obligatorio para la aceptación de cualquier obra buena.

Al‑lah dijo: {Te he revelado el Libro [¡oh, Muhammad!] con la Verdad; adora solo a Dios rindiéndole culto sincero} [Corán 39:2].

Y Al‑lah dijo: {Pero quienes recibieron el Libro con anterioridad [judíos, cristianos y otros] rompieron su unidad [en la fe] cuando les llegó la evidencia clara [a pesar de provenir de la misma fuente divina], en la que únicamente se les ordenaba que fueran monoteístas adorando solo a Dios con sinceridad […]} [Corán 98:4-5].

Todos los profetas (la paz sea con ellos) fueron sinceros con Al‑lah cuando entregaron las revelaciones divinas a sus pueblos. Eran ejemplos de los estándares más elevados de rectitud interior y exterior, que nosotros debemos esforzarnos por emular. Al‑lah dijo:

  • {Recuerda a Mis siervos Abraham, Isaac y Jacob, todos ellos dotados de firmeza y visión. Los distinguí encomendándoles [transmitir el Mensaje y] recordar a la gente la morada de la otra vida. Ellos se cuentan entre los virtuosos que he elegido [para transmitir el Mensaje]} [Corán38:45-47].
  • {Diles: «Mi Señor solo ordena la justicia, que se mantengan en adoración en las mezquitas, y que Lo invoquen solo a Él practicando sinceramente Su religión». Así como los creó [por primera vez] los hará volver [a la vida]} [Corán 7:29].
  • {Diles: «Me ha sido ordenado adorar solamente a Dios, y rendirle culto sincero”} [Corán 39:11].
  • {Invoquen a Dios y adórenlo con sinceridad, aunque eso disguste a los que se niegan a creer} [Corán 40:14].
  • {Él es el Viviente, no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él; invóquenlo solamente a Él. Alabado sea Dios, Señor del universo} [Corán 40:65].

La hipocresía, por contraste, es realizar actos de adoración y obras buenas por algún motivo oscuro o mundano. El vicio de la hipocresía es uno de los pecados más terribles del corazón que puede llevar al Infierno. La única forma de arrepentirse de la hipocresía es con sinceridad renovada en lo más profundo del corazón.

Al‑lah dijo: {Los hipócritas estarán en el abismo más profundo del Fuego y no encontrarán quién los socorra. Excepto aquellos [hipócritas] que se arrepientan, rectifiquen, se aferren a Dios y practiquen la fe sinceramente. Ellos estarán junto a los creyentes, y Dios tiene preparado para los creyentes una recompensa grandiosa} [Corán 4:145-146].

Los actos de adoración y las buenas obras realizados en idolatría o con hipocresía, para exhibirse ante la gente o para obtener alguna ventaja mundana, no tendrán validez alguna en el Día de la Resurrección. Estas obras infructuosas serán dispersadas como polvo, dejando tras de sí nada más que pecados a ser juzgados y castigados.

Al‑lah dijo: {[Ese día] reduciré todas sus obras a polvo disperso en el aire} [Corán 25:23].

Las obras pueden ser buenas en el exterior, pero no valen nada si no se corresponden con una rectitud interior. Aisha dijo una vez: “Mensajero de Al‑lah, en la época de la ignorancia el hijo de Jud’an mantenía los lazos familiares y alimentaba a los pobres. ¿Eso lo beneficiará?”. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, contestó: “No le será de beneficio. En verdad, él jamás dijo ni una sola vez: ‘Señor mío, perdona mis pecados en el Día del Juicio’” (Muslim).

Y el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al‑lah no acepta ninguna buena obra a menos que sea hecha con sinceridad y con el propósito de agradarlo a Él” (An-Nasa’i).

Incitar a la idolatría, la hipocresía y la ostentación, son las principales líneas de ataque que utiliza Satanás contra los seres humanos. De hecho, toda persona caerá en estos pecados a menos que renueve conscientemente la sinceridad de sus intenciones. Al‑lah dijo: {Dijo: «¡Oh, Señor mío! Por haber dejado que me extravíe, los seduciré y descarriaré a todos, excepto a quienes de Tus siervos hayas protegido»} [Corán 15:39-40].

En otras palabras, nadie está a salvo de Satanás a menos que sus intenciones sean sinceras. Al Ghazali comentó acerca de esta aleya: “De aquí que el siervo no está libre de Satanás excepto por la sinceridad”.

Además, la sinceridad es la cualidad esencial que protege nuestros corazones y a nosotros de los engaños de los malvados y de la traición de las fuerzas espirituales del mal.

El Profeta la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él dijo: “Hay tres características que, si las tiene un musulmán, su corazón no será engañado (ni consumido por el odio): obras sinceras por Al‑lah, ofrecer buena voluntad a los líderes de los musulmanes, y estar de acuerdo con su comunidad” (At-Tirmidhi).

La frase “si las tiene un musulmán, su corazón no será engañado” significa que su corazón no será penetrado por la maldad (hiqd) ni la traición (jiyanah). Por lo tanto, uno está en peligro de caer en estos vicios destructivos y estas trampas si no está protegido por las virtudes de la sinceridad hacia Al‑lah y la buena voluntad hacia la gente. Un musulmán sincero no está lleno de odio ni maldad hacia la humanidad, y cualquier expresión de mala

voluntad hacia otros es una señal de advertencia de una fe deficiente.

Finalmente, la virtud de la sinceridad es la llave del Paraíso y la salvación del Infierno. En una ocasión, un hombre acusó a otro musulmán de hipocresía en presencia del Profeta, y él, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le dijo: “¿No estás de acuerdo en que él dijo que no existe deidad excepto Al‑lah con el objeto de complacer a Al‑lah?”. El hombre respondió: “Por supuesto”. El Profeta dijo: “En verdad, un siervo no será llevado al Día de la Resurrección diciendo eso sin que Al‑lah le prohíba entrar al Infierno” (Bujari).

Sin embargo, no son simplemente las palabras externas de fe las que hacen la diferencia entre la salvación eterna y la condenación; la diferencia está en la pureza del corazón de la persona que las pronuncia, pues incluso los hipócritas usan palabras justas. Como dijo Ibn Mu’adh: “La sinceridad distingue las buenas obras de los pecados del mismo modo que la miel se distingue del excremento y la sangre”.

La sinceridad incluso puede salvar a una persona de cometer errores graves en la fe y el credo, en tanto estos sean errores honestos. Por ejemplo, un hombre de las naciones anteriores fue cremado porque temía que Al‑lah fuera a resucitarlo para castigarlo por sus pecados.El Profeta la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él dijo: “Un hombre se dedicó al pecado, así que cuando sintió aproximarse la muerte, reunión a sus hijos y les dijo: ‘Cuando muera, quémenme, pulverícenme y espolvoréenme al viento sobre el mar. Por Al‑lah, que si Al‑lah puede, me castigará de modo que no ha castigado a nadie más’. Así que hicieron lo que les ordenó, y cuando él se levantó frente a su Señor, Al‑lah le dijo: ¿Qué te impulsó a hacer lo que hiciste? El hombre contestó: ‘Miedo y temor a Ti, mi Señor’. Entonces, Al‑lah lo perdonó debido a eso” (Muslim).

Incluso a pesar de que, realmente, imaginar que Al‑lah es incapaz de resucitar a los muertos, es un acto de incredulidad, la sinceridad en el temor de ese hombre fue mucho más importante. Ibn Al Qaiem comentó sobre este hadiz: “A pesar de este [error en credo], Al‑lah lo perdonó y tuvo misericordia de él debido a su ignorancia. Él había actuado según el conocimiento que le había llegado, y no renunció al poder de Al‑lah por obstinación ni por negación”.

La sinceridad debe ser la virtud principal, y Al‑lah perdona los errores honestos de Sus siervos. Aun así, los creyentes deben esforzarse por actuar de forma correcta en toda situación. Al‑lah juzga al ser humano en todo su conjunto, tanto su estado interior como sus actos exteriores. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al‑lah no mira tu apariencia ni tu riqueza, sino que mira tu corazón y tus actos” (Muslim).|

Como resultado, debemos complementar nuestra sinceridad con una buena conducta que necesariamente debería seguirla. Solo mediante la sinceridad en la adoración y las obras de caridad, cumpliendo tanto los derechos de Al‑lah como los derechos de la gente (en especial los de los grupos más débiles y vulnerables de personas), se nos otorgará el apoyo de Al‑lah en nuestra religión y en nuestras sociedades. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al‑lah solo apoya a esta nación debido a su debilidad, sus súplicas, sus oraciones y su sinceridad” (An-Nasa’i).

Si estamos realizando actos de adoración durante el día y transgredimos los derechos de los demás durante la noche, entonces nuestra adoración no es sincera. Las oraciones sinceras deben dar como resultado buenas obras y buen trato hacia los demás, o al menos lograr que restrinjamos nuestros impulsos malvados. Al‑lah dijo: {Recita lo que se te ha revelado del Libro y cumple con la oración, porque la oración preserva de cometer actos inmorales y reprobables. Tener presente a Dios [en el corazón durante la oración] es lo más importante. Dios sabe lo que hacen} [Corán 29:45].

Del mismo modo, un hombre acudió al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le dijo: “Una persona ora de noche, pero roba por la mañana”. El Profeta dijo: “Lo que dices [sobre la oración] debería detenerlo” (Ahmad).

Tales transgresiones contra los derechos de las personas (a la vez que se llevan a cabo los actos de adoración hacia Al‑lah) reflejan falta de sinceridad y debilidad de la fe verdadera. Los musulmanes que no tengan sinceridad en sus actos hacia los demás estarán, en realidad, en completa bancarrota en el Día de la Resurrección. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo una vez a sus compañeros: “¿Saben quién está en bancarrota?” Le dijeron: “Aquel que no tiene dinero ni bienes está en bancarrota”. El Profeta les dijo: “Los que están en bancarrota de mi nación son aquellos que llegarán al Día de la Resurrección con oraciones, ayunos y caridad, pero también con insultos, calumnias, derroche, derramamiento de sangre y maltrato hacia los demás. Los oprimidos recibirán cada una de sus buenas obras. Si sus buenas obras se agotan antes de que se haga justicia, entonces sus pecados caerán sobre él y será arrojado al Fuego del Infierno” (Muslim).

Esas personas están en verdadera bancarrota debido a que sus buenas obras, incluso si fueron hechas por la causa de Al‑lah, serán canceladas por sus pecados contra los demás. Como dijo el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: “Una persona puede ayunar y no obtener de su ayuno nada más que hambre. Una persona puede orar en la noche y no obtener de su oración nada más que falta de sueño” (Ibn Mayah).

Por esta razón, los eruditos dicen que estas dos condiciones son necesarias para la aceptación de cualquier buena obra: la sinceridad y que sea realizada conforme a la guía profética (Sunnah). Fudail Ibn ‘Iyad dijo: “Al‑lah purifica las buenas obras y las corrige. De hecho, si las obras son sinceras e incorrectas, no serán aceptadas. Y si las obras son correctas, pero no son sinceras, tampoco serán aceptadas. Sinceras quiere decir que sean hechas solo por Al‑lah, y correctas quiere decir que sean hechas de acuerdo a la Sunnah” Luego, Fudail recitó la aleya: {Diles: «Yo no soy más que un hombre a quien se le ha revelado que solo deben adorar a Dios, su única divinidad. Quien anhele encontrarse con su Señor [y que Él esté complacido], que realice obras piadosas y que no adore a nadie más que a Él»} [Corán 18:110].