Los principios rectores de la fe: Sinceridad, honestidad y buena voluntad en el Islam (parte 2 de 4)

Los principios rectores de la fe: Sinceridad, honestidad y buena voluntad en el Islam (parte 2 de 4)

Poner el corazón y la mente sintonizados con la sinceridad

La sinceridad debe estar presente tanto en el corazón como en la mente, y ambos deben trabajar juntos guiando el uso de la razón. Al Junaid dijo: “Al‑lah tiene siervos que utilizan sus mentes. Cuando razonan, actúan. Cuando actúan, son sinceros. La sinceridad los llama a todas las puertas de la rectitud”. La razón es, sin duda, importante, pero al igual que las demás virtudes, está vacía sin la sinceridad.

La importancia de la rectitud interna y externa es quizás más evidente cuando surge la necesidad de defender a la comunidad en la acción militar. Cualquier acto militar que los musulmanes emprendan, debe cumplir las condiciones de guerra justa establecidas por el Profeta, sus compañeros y los eruditos, incluyendo tener la intención correcta y restringir el uso de la fuerza solo a lo que es necesario para la defensa.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah, sean con él dijo: “Las expediciones son de dos tipos. En cuanto a aquel que busca la complacencia de Al‑lah, obedece al líder, gasta de sus posesiones preciosas en caridad, muestra clemencia hacia sus colegas y evita la corrupción, la totalidad de su sueño y de su vigilia son recompensados. Y en cuanto a aquel que lucha por orgullo, alarde y busca una reputación, que desobedece a su líder y comete corrupción en la tierra, ese regresará sin nada de importancia” (Abu Dawud).

Si los musulmanes luchan por fanatismo, orgullo, ira, para obtener un botín, o si transgreden las leyes estrictas de la guerra, entonces no tendrán recompensa en el Más Allá por sus esfuerzos. Un hombre acudió una vez al Profeta la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él y le dijo: “Mensajero de Al‑lah, un hombre tiene la intención de luchar por la causa de Al‑lah y está buscando ganancias mundanas”. El Profeta le dijo: “No hay recompensa para él”. A la gente eso le pareció muy difícil y le dijeron: “Regresa con el Mensajero de Al‑lah, quizás él no te entendió”. El hombre regresó y dijo: “Mensajero de Al‑lah, un hombre intenta luchar por la causa de Al‑lah y busca ganancias mundanas”. El Profeta dijo: “No hay recompensa para él”. El hombre regresó por tercera vez y el Profeta le dijo: “No hay recompensa para él” (Ahmad).

En ese sentido, no es permisible para los musulmanes tener sus intenciones divididas en la realización de las obras que solo deben hacerse por la causa de Al‑lah. Tener una intención dividida en la adoración o en las obras de caridad es, de hecho, una forma de asociarle copartícipes (ishrak) a Al‑lah. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo:

  • “Al‑lah Todopoderoso dice: ‘No necesito socios. A quien realice una acción en la que asocie a otro además de Mí, lo abandonaré y al que asocie” (Muslim).
  • “Cuando Al‑lah reúna a la gente en el Día de la Resurrección, un día sobre el que no hay duda, se hará un anuncio: ‘Aquellos que asociaron algo o alguien en obras hechas por Al‑lah, que pidan su recompensa a esos distintos de Al‑lah. En verdad que Al‑lah está libre de socios’” (At Tirmidhi).
  • “¡Gentes! Hagan sus obras sinceras por Al‑lah, el Altísimo. Al‑lah no aceptará obra alguna a menos que haya sido hecha sinceramente por Él. No digan: ‘Esto es por la causa de Al‑lah y por la causa de mis parientes’. En verdad, eso habrá sido hecho para sus parientes y nada de ello fue por Al‑lah. Y no digan: ‘Esto es por la causa de Al‑lah y por tu causa’. En verdad, eso habrá sido hecho por su causa y nada de ello fue por Al‑lah” (Ad-Daraqutni).
  • “Dale a esta nación albricias de honor, victoria y estabilidad. Sin embargo, quien haga una obra del Más Allá por la causa del mundo, no tendrá parte de ello en el Más Allá” (Ahmad).

Y Abu Al ‘Aliyah dijo: “Los compañeros de Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, me dijeron: ‘No hagas una buena acción por nadie distinto a Al‑lah, pues Al‑lah te dejará a cargo de aquel por quien la hiciste’”. Esta intención dividida está prohibida solo cuando implica hacer un acto de adoración por algo más que Al‑lah. Es permisible, por ejemplo, realizar negocios mundanos durante la temporada de la peregrinación, ya que este tipo de intención dividida no implica dedicar un acto de adoración ni una buena acción a nadie más.

Si una obra es hecha por la causa de un dios falso, eso es la idolatría mayor (shirk al akbar) que saca completamente al musulmán del redil del Islam. Sin embargo, si se hace una buena acción para mostrarse ante la gente, lo que se conoce como ostentación, esa es la idolatría menor (shirk al asghar); eso sin duda es un pecado gravísimo, pero no expulsa al musulmán del Islam por completo. Para que un creyente sea completamente sincero, debe evitar toda forma de idolatría, tanto mayor como menor. Sa’id Ibn Jubair dijo: “La sinceridad es no asociar copartícipes con Al‑lah en la religión de uno, y no mostrar ostentación a nadie en las buenas obras”.

En cierto modo, la idolatría menor de la ostentación es incluso más peligrosa que la idolatría mayor, debido al hecho de que puede implicar un defecto muy sutil en nuestras intenciones. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, les dijo una vez a sus compañeros: “Mi mayor temor respecto a ustedes es la idolatría menor”. Ellos le preguntaron: “¿Cuál es la idolatría menor, Mensajero de Dios?”, El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Es la ostentación (o “alardear”). Al‑lah Todopoderoso les dirá en el Día de la Resurrección, cuando las personas estén siendo recompensadas por sus obras: ‘Acudan a aquellos por quienes hicieron espectáculo en el mundo y miren si encuentran recompensa alguna con ellos’” (Ahmad).

En otra narración, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, les dijo a sus compañeros: “Abu Baker, existe entre ustedes idolatría más oculta que el caminar de una hormiga”. Abu Baker le preguntó: “¿Acaso hay otra idolatría que poner a otro junto con Al‑lah?”. El Profeta le respondió: “Por Aquel en Cuyas Manos está mi alma, hay idolatría más oculta que el caminar de una hormiga. ¿Quieres que te enseñe unas palabras que si las dices podrás deshacerte de ella, tanto de la menor como de la mayor? Di: ‘¡Oh, Dios! Busco refugio en Ti de asociarte copartícipes de forma consciente, y busco refugio en Ti de lo que hago sin ser consciente’” (Bujari).

Esta es una súplica humilde que debemos repetir a menudo, ya que reconocemos el potencial de efectos sutiles en nuestras intenciones.

Para ser claros, la prueba de la ostentación es aún más peligrosa que las grandes tribulaciones que ocurrirán al acercarse el fin de los tiempos. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, se acercó una vez a los compañeros mientras discutían sobre el Falso Mesías (Al Masih Ad-Dayyal). El Profeta dijo: “¿Quieren que les diga cuál es mi mayor temor para ustedes, mayor aún que el Falso Mesías?”. Le dijeron: “¡Por supuesto!”. El Profeta dijo “Es la idolatría oculta, que un hombre se levante a orar y embellezca su oración cuando ve que lo están mirando” (Ibn Mayah).

Debemos esforzarnos por ayudar a aquellos que nos rodean y que soportan el sufrimiento de las pruebas, sin duda. Pero en lo que respecta a nuestras propias almas, nuestra preocupación más inmediata deben ser las pruebas dentro de nuestros propios corazones. Todos los días debemos trabajar para realizar nuestras oraciones diarias con reverencia (jushu’), y evitar orar y comportarnos con los modales de un hipócrita.

Al‑lah dijo: {Por el contrario, serán arrojados en un fuego demoledor. ¿Y qué te hará comprender lo que es un fuego demoledor? Es un fuego encendido por Dios, cuyo dolor alcanza los corazones} [Corán 107:4-7].

Y dijo: {Los hipócritas pretenden engañar a Dios, pero Él hace que ellos se engañen a sí mismos. Cuando se levantan para hacer la oración lo hacen con desgano, solo para ser vistos por la gente, sin apenas acordarse de Dios} [Corán 4:142].

Cuando rezamos y ayunamos, nuestra preocupación no debe ser si los demás nos ven como piadosos o no. Embellecer la oración o mostrar la incomodidad de ayunar para que lo noten los demás es simplemente otro acto de idolatría menor. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Quien reza para ser visto tiene socios coligados con Al‑lah. Quien ayuna para ser visto tiene socios coligados con Al‑lah” (Al Bazzar).

Evitar la ostentación aplica no solo a los actos de adoración, sino también a cualquier acto de devoción religiosa, como la búsqueda del conocimiento islámico. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Aquel que busca el conocimiento debe buscarlo por la causa de Al‑lah Todopoderoso, pero quien lo hace solo por algún beneficio mundano, jamás olerá la fragancia del Paraíso en el Día de la Resurrección” (Abu Dawud). Y también dijo: “A aquel que busca el conocimiento para impresionar a los eruditos o para discutir con los necios o para atraer hacia sí la atención de la gente, Al‑lah lo admitirá en el Fuego del Infierno” (At-Tirmidhi).

De hecho, una de las trampas de los estudiantes del conocimiento sagrado es enredarse en controversias y debates hasta el punto de que olvidan por qué están estudiando el Islam en primer lugar. Es muy fácil para un estudiante distraerse con la pompa y el espectáculo de la erudición y la academia.

A fin de cuentas, se necesita una lucha interna continua e implacable contra nuestros caprichos y deseos básicos para alcanzar la sinceridad verdadera y la pureza del corazón, lo que eruditos como Ibn Rayab denominan la yihad mayor (yihad al akbar) o yihad del corazón (yihad al alb). Ma’ruf Al Karji se golpeaba a sí mismo y decía: “¡Alma mía! ¡Sé sincera y purifícate!”.

Este es un esfuerzo espiritual y una yihad que no podemos permitirnos perder, no sea que perdamos nuestra posibilidad de salvación. Muchos hipócritas que fueron considerados por las personas como musulmanes justos en el mundo (ya fuera como valientes guerreros, eruditos o adoradores piadosos) serán expuestos en el Día de la Resurrección por los motivos fraudulentos de sus corazones enfermos.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Las primeras personas en ser juzgadas en el Día de la Resurrección serán:

  • Un hombre que fue martirizado. Será traído, le serán dadas a conocer las bendiciones de Al‑lah y él las reconocerá. Al‑lah le preguntará: ‘¿Qué hiciste con ellas?’. El hombre dirá: ‘Luché por Tu causa hasta que fui martirizado’. Al‑lah le dirá: ‘Mientes, pues solo luchaste para que se dijera que eras valiente, y así fue dicho’. Entonces, Al‑lah ordenará que sea arrastrado sobre su rostro hacia el Fuego del Infierno.
  • Un hombre que estudió el conocimiento religioso, lo enseñó a otros y recitó el Corán. Será traído, le serán dadas a conocer las bendiciones de Al‑lah y él las reconocerá. Al‑lah le preguntará: ‘¿Qué hiciste con ellas?’. El hombre dirá: ‘Aprendí el conocimiento religioso, lo enseñé a otros y recité el Corán por Tu causa’. Al‑lah le dirá: ‘Mientes, pues solo estudiaste para que dijeran que eras un recitador, y así fue dicho’. Entonces, Al‑lah ordenará que sea arrastrado sobre su rostro hacia el Fuego del Infierno.

Un hombre al que se le otorgaron innumerables bendiciones por parte de Al‑lah, y todo tipo de riqueza. Será traído, le serán dadas a conocer las bendiciones de Al‑lah y él las reconocerá. Al‑lah le preguntará: ‘¿Qué hiciste con ellas?’. El hombre dirá: ‘No dejé ninguna buena obra amada por Ti, pero gasté en ellas por Tu causa’. Al‑lah le dirá: ‘Mientes, pues solo gastaste para que se dijera que eras generoso, y así fue dicho’. Entonces, Al‑lah ordenará que sea arrastrado sobre su rostro hacia el Fuego del Infierno” (Muslim).