Los principios rectores de la fe: Sinceridad, honestidad y buena voluntad en el Islam (parte 3 de 4)

Ya que la sinceridad hacia Al‑lah es el punto de partida para el cumplimiento de todos los deberes religiosos, interna y externamente, no se puede obligar a nadie a ello en modo alguno. La sinceridad debe provenir orgánicamente del corazón de la persona, ya sea por autodescubrimiento o por persuasión. La compulsión en la religión no tiene lugar alguno en el Islam. Al‑lah dijo:

  • {Una vez establecida la diferencia entre la guía correcta y el desvío no se puede forzar a nadie a creer. Quien descrea de las falsas divinidades y crea en Dios, se habrá aferrado al asidero más firme [el Islam], que es irrompible. Dios todo lo oye, todo lo sabe} [Corán 2:256].
  • {Diles: «La Verdad proviene de su Señor. Quien quiera que crea, y quien no quiera que no lo haga». Pero sepan que tengo preparado para los que cometen injusticias un fuego que los rodeará. Cuando sofocados pidan de beber, se les verterá un líquido como el metal fundido que les quemará el rostro. ¡Qué pésima bebida y qué horrible morada!}[Corán 18:29].
  • {Exhorta a la gente porque esa es tu misión. No puedes obligarlos a creer} [Corán 88:21-22].

Sa’id Ibn Zaid comentó respecto a esta aleya: “No tienes autoridad sobre ellos para forzarlos a la fe” (At-Tabari). En otras palabras, al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, no se le dio ningún mandato para obligar a las personas a abrazar el Islam. En muchas aleyas, Al‑lah les recuerda a los creyentes una y otra vez que el único deber de los profetas era entregar el mensaje. Al‑lah dijo:

  • {Quien obedezca al Mensajero obedece a Dios. Pero no te he enviado como custodio de quien te rechace} [Corán 4:80]
  • {Pero si [me] desmienten, ya lo hicieron otras naciones antes que ustedes. El Mensajero solo tiene la obligación de transmitir [el Mensaje] con claridad} [Corán 29:18]
  • {Los idólatras argumentarán: «Si Dios hubiera querido, ni nosotros ni nuestros antepasados habríamos adorado a otro fuera de Él, ni habríamos declarado ilícitas las cosas sin Su permiso». Lo mismo dijeron quienes los precedieron. Pero los Mensajeros solo tienen la obligación de transmitir el Mensaje con claridad [y Dios será Quien los juzgará]} [Corán 16:35]
  • {Te piden que apresures el castigo [con el que les adviertes]. Pero sabe que el Infierno está aguardando a los que se niegan a creer} [Corán 24:54]
  • {Deben obediencia absoluta a Dios y a Su Mensajero, y tengan cuidado [de desobedecerlos]. Pero quien se rehúse, sepa que Mi Mensajero solo tiene la obligación de transmitir [el Mensaje] con claridad} [Corán 5:92]
  • {Dijeron [los Mensajeros]: «Nuestro Señor sabe que realmente somos Mensajeros. Solo somos responsables de transmitir el Mensaje de forma clara»} [Corán36:16-17]

Si Al‑lah quisiera obligar a todo el mundo a seguir una religión, Él podría haber creado personas sin libre albedrío, o podría haber ordenado a Sus profetas que obligaran a la gente a cumplir. Al‑lah no hizo ninguna de estas cosas porque Su voluntad es poner a prueba la sinceridad de la fe de las personas en este mundo. Al‑lah dijo:

  • {Si tu Señor hubiera querido [imponérselos], todos los habitantes de la Tierra habrían creído. ¿Y tú piensas que puedes obligar a la gente a ser creyente? } [Corán10:99].
  • {[…] Si Dios hubiera querido habría hecho de ustedes una sola comunidad, pero quiso probar su fe en lo que les reveló. Apresúrense a realizar obras de bien, porque todos comparecerán ante Dios, y Él les informará acerca de lo que discrepaban} [Corán5:48].

La diferencia religiosa es algo natural e inevitable; Al‑lah la permite ya que es Su voluntad probar la sinceridad de las personas. En lugar de provocar conflicto a partir de dichas diferencias, Al‑lah nos dice que “compitamos en hacer el bien”, por ejemplo, competir en hacer obras de caridad. Incluso cuando el Profeta la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él tuvo que luchar contra otros para defender a su comunidad y su derecho a practicar el Islam, jamás obligó a nadie a ingresar al Islam, ni una sola vez, nunca. El método profético de divulgar el Islam es por la persuasión, no por la persecución.

Ibn Al Qaiem escribió: “[El Profeta] nunca obligó a nadie a aceptar la religión, sino que combatió solo a los que lo combatieron a él primero. En cuanto a quienes hicieron las paces con él o llevaron a cabo una tregua, él jamás los combatió y nunca los obligó a entrar a su religión, pues así lo ordenó su Señor, el Todopoderoso: ‘No cabe coacción en asuntos de fe, porque la guía correcta se diferencia del error’”.

En resumen, Al‑lah quiere los corazones de las personas, Él no quiere siervos obligados a una adoración hipócrita y vacía. Como dijo As-Susi: “Al‑lah solo desea la sinceridad en las obras de Sus criaturas”.

Honestidad

Relacionada con la sinceridad está la virtud de la honestidad y la veracidad. Al igual que la sinceridad, la honestidad tiene implicaciones tanto en la relación con Al‑lah como en nuestro comportamiento hacia los demás. Al‑lah dijo: {¡Oh, creyentes! Tengan temor de Dios y permanezcan junto a los que dicen siempre la verdad} [Corán 9:119].

Todos los profetas (la paz sea con ellos) fueron personas veraces y honestas a quienes Al‑lah elogió por estas virtudes. Al‑lah dijo:

  • {Nárrales [¡oh, Muhammad!] la historia de Abraham que se menciona en el Libro. Era un hombre veraz, un Profeta} [Corán19:41]
  • {Nárrales [oh, Muhammad] la historia de Ismael mencionada en el Libro. Siempre cumplió su palabra, fue Profeta y Mensajero} [Corán 19:54]
  • {Nárrales la historia de Enoc que se menciona en el Libro. Fue un hombre veraz, y Profeta} [Corán 19:56]

La honestidad es, en primer lugar, con respecto a Al‑lah, y es sinónimo de sinceridad, como hemos mencionado. Quien logre honestidad pura con Al‑lah será admitido en el Paraíso.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “No hay nadie que testifique que no existe deidad excepto Al‑lah y que Muhammad es el Mensajero de Al‑lah (con honestidad desde el corazón −sidq min qalbih− a quien Al‑lah no le prohíba entrar al Infierno” (Bujari).

Sin embargo, al igual que la sinceridad, la honestidad con Al‑lah debe correlacionarse con la honestidad hacia los demás. Omar Ibn Al Jattab dijo: “Las mejores obras son cumplir las obligaciones de Al‑lah, ser consciente de las prohibiciones de Al‑lah, y tener una intención honesta hacia Al‑lah, el Altísimo”. En este dicho, Omar menciona obligaciones y prohibiciones, lo que incluye deberes hacia las personas, junto con una intención honesta ante Dios Todopoderoso. Ambos conjuntos de deberes (hacia Al‑lah y hacia la gente) no son mutuamente excluyentes, sino que deben ser cumplidos con sinceridad. Como dijo Abu Bakr Al Warraq: “Preserva la honestidad en lo que hay entre tú y Al‑lah Todopoderoso, y la bondad en lo que hay entre tú y la creación”.

Decir la verdad o decir mentiras son hábitos que se aprenden, y si es necesario se deben desaprender. Debemos practicar decir la verdad tan a menudo que ello se convierta en nuestra segunda naturaleza, porque esa es la marca de un corazón puro que será admitido en el Paraíso.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Deben ser veraces. La veracidad conduce a la rectitud y la rectitud conduce al Paraíso. Un hombre continúa siendo honesto y alienta la honestidad hasta que Al‑lah lo registra como alguien veraz. Y tengan cuidado con la falsedad. La falsedad conduce a la maldad y la maldad conduce al Infierno. Un hombre continúa diciendo mentiras y alienta la falsedad hasta que Al‑lah lo registra como alguien mentiroso” (Muslim).

La deshonestidad en las palabras era uno de los pecados que el Profeta más detestaba. Aisha, que Al-lah esté complacido con ella, dijo: “No había comportamiento más odiado por el Mensajero de Al‑lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, que la deshonestidad. Si un hombre mentía al hablar en presencia del Profeta, él no estaba satisfecho hasta saber que el hombre se había arrepentido” (At-Tirmidhi). El Profeta se aseguró de que todo aquel que mintiera en público se arrepintiera, pues el pecado del falso testimonio es realmente tremendo.

Por lo tanto, debemos esforzarnos en la honestidad integral en todos los aspectos de nuestras vidas, interior y exteriormente. Según Al Ghazali, la virtud de la honestidad incluye la veracidad en las palabras, obras e intenciones de uno. El quid de la cuestión es que nuestras obras externas coincidan con nuestro estado interno (ser consecuentes); las buenas palabras que decimos y las buenas obras que hacemos deben ser expresiones auténticas de la bondad en nuestros corazones y en nuestro carácter.

Mutarrif dijo: “Cuando el estado interno del siervo coincide con su comportamiento público, Al‑lah dice: ‘Este es Mi verdadero siervo’”. Y Abu Ya’qub An-Nahrajuri dijo: “La honestidad es ser consistente con la verdad en privado y en público. La realidad de la honestidad es decir la verdad en asuntos de gran importancia”.

El corazón y la lengua están íntimamente conectados: las palabras honestas provienen de un corazón puro. Una vez le preguntaron al Profeta: “¿Qué personas son las mejores?”. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Todo aquel cuyo corazón es puro y habla con la verdad”. Le dijeron: “Sabemos lo que es hablar con la verdad, pero ¿qué es un corazón puro?”. El Profeta dijo: “Es un corazón que teme a Al‑lah y está limpio. No hay pecado en él, como tampoco agresión, malicia ni envidia” (Ibn Mayah).

En una variante de este hadiz, los compañeros dicen: “¿Y quién muestra señales [de tener un corazón puro]?”. El Profeta dijo: “Un creyente con buen carácter” (Al Baihaqui).

Al igual que con la sinceridad, un corazón honesto es uno que no está engañado ni desviado por el odio ni la maldad, es el contenedor de un carácter recto del cual emergen buenas obras y buena voluntad. Purificar el corazón es desarrollar el hábito de decir la verdad y ser honesto con todos aquellos que nos rodean, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros colegas y nuestros vecinos.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “La fe del siervo no es honesta hasta que su corazón es honesto, y su corazón no es honesto hasta que su lengua es honesta. Un hombre no entrará al Paraíso si su vecino no está a salvo de su maldad” (Ahmad).

Cuando somos honestos con Al‑lah y con los demás, descubrimos que todos nuestros asuntos se facilitan y cualquier problema que tengamos se resuelve. Omar Ibn Al Jattab le escribió a Abu Musa: “A aquel que purifica su intención, Al­‑lah le cuidará sus asuntos con la gente. Y a aquel que embellezca ante las personas aquello que Al‑lah sabe que no está en su corazón, Al‑lah Todopoderoso lo deshonrará” (Al Isfahani). Por el contrario, la deshonestidad en el corazón y en la mente produce la inquietud de la disonancia cognitiva, que puede conducir rápidamente a la exposición pública y la humillación.