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Los principios rectores de la fe: Sinceridad, honestidad y buena voluntad en el Islam (parte 4 de 4)

¿Cómo podemos evaluar nuestro nivel de honestidad? Adh-Dhaʻlabi narró un proverbio sabio: “Un hombre no alcanza la cima de la rectitud (Taqwa) sino cuando llega al punto en el que, si pusiera su corazón en un plato y saliera a caminar por el mercado con él, no se avergonzaría de nada sobre él”. Si en tu corazón no hay nada de lo que puedas avergonzarte si se hiciera público, entonces has alcanzado la cima de la excelencia espiritual. La mayoría de nosotros (y no menos el autor) estamos muy lejos de tal estado de pureza.

El vicio de la hipocresía, al igual que el de la idolatría, se divide en dos niveles: hipocresía mayor y menor. La hipocresía mayor (nifaq al akbar) es la de aquel que pretende tener fe mientras oculta la incredulidad de su corazón. Tal acto es una forma de incredulidad. Por otro lado, la hipocresía menor (nifaq al asghar) es tener cualquier cantidad de deshonestidad en nuestras obras.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo:Hay cuatro señales que hacen que alguien sea un hipócrita puro, y quienquiera que tenga una de ellas tiene una de las características de la hipocresía hasta que la abandone: cuando habla miente, cuando hace un pacto traiciona, cuando hace una promesa la rompe, y cuando discute es malvado” (Muslim).

Es posible que tengamos tanto elementos de fe como de hipocresía en nuestro corazón al mismo tiempo, ya que la hipocresía existe en un espectro amplio, como una cuestión de grado, en lugar de ser una categoría discreta. De nuevo, se necesita una lucha continua para mantener la virtud de la honestidad en todo lo que hacemos. Como dijo Sufian Az-Zawri:Debes ser honesto en todos los asuntos. Ten cuidado con la mentira y la traición, y evita sentarte con quienes las cometen, pues todo ello será para ti una carga de pecado. Cuídate, hermano, de la ostentación en las palabras y en las obras, pues ello es una forma de idolatría. Y cuídate de la vanidad, pues las buenas obras dentro de las cuales hay vanidad no serán exaltadas”.

Quizás el aspecto social más importante de la honestidad es ser fieles a todos nuestros compromisos (‘uqud), promesas (wu’ud), pactos (‘uhud) y encomiendas (amanah).

Al‑lah dijo: {¡Oh, creyentes! Cumplan con sus compromisos […]} [Corán 5:1].

La palabra “compromisos” en esta aleya se refiere a todo tipo de alianzas, aquellas con Al‑lah y aquellas con la gente.

Como creyentes, debemos ser lo suficientemente confiables como para cumplir nuestra palabra cuando la damos. La señal de un verdadero creyente es emular la honestidad del Profeta Muhammad, quien fue conocido por su pueblo, incluso antes del Islam, como “el confiable” (Al Amin).

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo:El musulmán es aquel de cuya lengua y cuya mano está a salvo la gente, y el creyente es el único a quien la gente le confía su vida y su riqueza” (An-Nasa’i).

Del mismo modo, la incapacidad o falta de voluntad para dar seguimiento a nuestros compromisos es una señal de fe débil, o peor aún, de ninguna fe verdadera. La fe de un creyente musulmán es tan buena como su palabra y promesa. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “No hay fe en alguien en quien no se puede confiar. No hay religión para quien no puede mantener un pacto” (Ahmad).

La ciudadanía es una forma moderna de alianza pública. Como musulmanes, debemos ser ciudadanos productivos del país en el que vivimos. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, instruyó a su compañero Fudaik diciéndole: “Establece la oración, evita los pecados, y vive en la tierra con tu pueblo donde desees” (Ibn Hiban).

Mientras podamos practicar nuestra religión y evitar los pecados, podemos vivir en cualquier parte del mundo. Sin embargo, donde quiera que estemos, debemos dejar esa tierra y su gente mejor de como la encontramos. Debemos contribuir al mejoramiento colectivo de la humanidad, tanto para los musulmanes como para los no musulmanes, como vecinos honestos y dignos de confianza.

La honestidad de los ciudadanos es, en realidad, lo que protege a la sociedad de la tiranía de los gobiernos opresores. La honestidad en este contexto es una forma de valentía, decir la verdad de cara al peligro. Cuando aquellos en el poder cometen grandes errores, estamos llamados a hablar contra ello con honestidad, valor y compasión.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “No permitan que el miedo al pueblo impida que uno de ustedes diga la verdad si la sabe” (Ahmad). La honestidad en dicho caso también es yihad en el camino de Al‑lah. De hecho, está entre las mejores y más grandes obras de yihad. Un hombre le preguntó al Profeta: “¿Cuál es la mejor yihad?”; el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le respondió: “Una palabra de verdad frente a un gobernante tirano” (Ahmad).

Como musulmanes, debemos esperar que los demás sean honestos y francos con nosotros cuando algo que hacemos está mal. Omar Ibn ‘Abdel Aziz dijo: “Que Al‑lah tenga misericordia de una persona que me muestre mis faltas”. La verdad a menudo es una medicina amarga, pero necesaria. Ningún ciudadano debería ser impedido de expresar adecuadamente sus sentimientos honestos sobre nuestros problemas sociales colectivos. Su honestidad podría ser, de hecho, nuestro remedio.

La buena voluntad

La sinceridad y la honestidad están relacionadas con otra virtud en el Islam: la buena voluntad. Debemos tener buenas intenciones hacia todo y hacia todos, hacia Al‑lah y hacia Sus criaturas. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “La religión es buena voluntad”. Le preguntaron: “¿Hacia quién?”; el Profeta respondió: “Hacia Al‑lah, Su libro, Su Mensajero, los líderes de los musulmanes y la gente del común” (Muslim). Dicho de otro modo, la esencia del Islam es la buena voluntad en todas las cosas.

Abu Dawud consideró que este hadiz es uno de los cuatro en torno a los cuales gira toda la jurisprudencia (Fiqh). Otros varios eruditos lo consideraron de gran importancia, y algunos se refirieron a él como una cuarta parte del Islam. La palabra “buena voluntad” (nush) tiene un significado muy amplio, pero se puede definir de manera concisa como una buena intención hacia los demás. Ibn Daqiq escribió: “La buena voluntad es una palabra amplia que significa una intención completamente buena de que alguien sea próspero… No existe palabra en el árabe que sea más amplia respecto al bien en esta vida y en el Más Allá que esta”.

Cultivar la buena voluntad hacia todas las criaturas está entre los mejores actos de adoración. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al‑lah Todopoderoso dijo: ‘El acto más amado con el que Mi siervo Me adora es la buena voluntad por Mi causa’” (Ahmad). Y le preguntaron a Ibn Al Mubarak: “¿Qué obra es la mejor?”; respondió: “La buena voluntad por la causa de Al‑lah”.

La buena voluntad en estos hadices, al igual que en otros, es con respecto a Al‑lah y a la gente en general. La buna voluntad con respecto a Al‑lah es tener sinceridad (ijlas) en todos los asuntos de uno, como se dijo anteriormente. Esto es, adorar a Al‑lah libre de toda idolatría, ostentación, compulsión u otros motivos ocultos. La buena voluntad para con la gente es ofrecer consejo correcto y útil, pero su esencia, según Ibn Daqiq, es “amar para ellos lo que uno ama para sí mismo de la bondad, y no desear para ellos lo que a uno le desagrada de las ofensas”. Esto no es más que la regla de oro para tratar a los demás en la forma en que queremos ser tratados.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Ninguno de ustedes tendrá fe hasta que desee para su hermano o su vecino lo que desea para sí mismo” (Muslim).

Y el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo:Quien ame ser salvado del Infierno y ser admitido en el Paraíso, que halle su fin con fe en Al‑lah y en el Último Día, y que trate a la gente de la manera en que le gustaría ser tratado” (Muslim).

Al igual que en otras religiones, la regla dorada, es decir, tratar a los demás como uno quisiera ser tratado, es un principio general de buena conducta en el Islam. An-Nawawi comentó este hadiz diciendo: “Este es uno de los dichos más amplios del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, una maravillosa sabiduría y una regla importante. Merece que se le preste mucha atención: que el ser humano no debe tratar a los demás sino solo de la manera en que le gustaría que lo trataran los demás a él” (An-Nawawi).

Apegarse a la regla dorada no es simplemente algo que se deba alentar en el Islam. Como lo sugieren estos hadices, este principio es integral a la fe en el Islam y a la salvación en el Más Allá. En consecuencia, fue incluido en la promesa que los compañeros le hicieron al propio Profeta. Yarir Ibn Abdul-lah dijo: “Juré lealtad al Mensajero de Al‑lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, para establecer la oración, dar caridad y tener buena voluntad con todo musulmán” (Bujari).

Al Ghazali explicó que los compañeros consideraron que la regla de oro estaba implícita en su compromiso con Al‑lah, el Profeta y el Islam:Ellos entendieron que es parte de la buena voluntad (nush) que uno no debe estar contento con que su hermano tenga sino solo lo que lo complace a él. Ellos no creían que era algo [meramente] virtuoso en los rangos [espirituales], sino que creían que era una condición del Islam dentro de su compromiso con él”.

As-Subki señaló que el principio de la buena conducta en hadices como estos incluye también a los no musulmanes, aún si los textos solo se refieren a los musulmanes. Los hadices que contienen las palabras “musulmán” o “hermano” a menudo se refieren a una situación en la que normalmente se encontrarían los musulmanes: interactuando con otros musulmanes, pero no están destinados a ser restringidos solo a los musulmanes, porque “su generalidad está establecida por otra evidencia”. En otras palabras, debemos aplicar la regla dorada con todos, musulmanes y no musulmanes, amigos y enemigos. A este respecto, An-Nawawi se refirió a la humanidad como una “hermandad universal” (‘umum al ijwah) que es merecedora de un “amor religioso” altruista (al mahabbat ad-diniyyah).

La universalidad de la buena voluntad en el Islam está demostrada en las historias de los profetas (la paz sea con ellos). Ellos se acercaron a sus pueblos en un espíritu de hermandad y buena voluntad, a pesar de que en ese momento eran idólatras e incrédulos.

El Profeta Noé, la paz sea con él, dijo: {Les transmito el Mensaje de mi Señor y les aconsejo para su bien, puesto que sé acerca de Dios lo que ustedes ignoran} [Corán 7:62].

Y el Profeta Hud, la paz sea con él, dijo: {les transmito el Mensaje de mi Señor. Yo soy un consejero leal} [Corán 7:68].

Y el Profeta Sálih, la paz sea con él, dijo: {¡Oh, pueblo mío! Les transmití el Mensaje de mi Señor y les aconsejé para su bien, pero ustedes no aprecian a quienes los aconsejan} [Corán 7:79].

Sobre la base de la buena voluntad y la regla de oro que ella implica, los eruditos derivan la igualdad (musawah) de los creyentes y, para ser más precisos, la virtud de dar preferencia (tafdil) a los demás. Dado que el principio de buena voluntad se extiende a toda la humanidad, existe un precedente en el Islam para el acuerdo con los no musulmanes sobre una comprensión común de los derechos humanos y la reconciliación política. Todavía queda mucho trabajo por hacer para lograr y restablecer la justicia, los derechos humanos y la reconciliación política entre las naciones del mundo. Sin embargo, debemos acercarnos a la gente en general con un espíritu de buena voluntad, de modo similar a los profetas.

La mala voluntad o malevolencia (ghish) es también otra característica de la hipocresía que debemos evitar. Ali Ibn Abi Talib dijo: “Los creyentes son personas con buena voluntad entre ellos, incluso si residen lejos unos de otros. Los hipócritas son personas con malevolencia entre ellos”.

Las personas con tal malevolencia a menudo se acercan unas a otras con “dos caras” (wayhayin), diciendo una cosa mientras ocultan otra en su corazón. Incluso pueden dar intencionalmente malos consejos, como un estafador o un timador. Este vicio es un tipo de deshonestidad exhibida solo por lo peor de la humanidad.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Entre las peores personas está aquel que tiene dos caras, que viene con un rostro ante estos y con otro ante aquellos” (Bujari). Y Bilal Ibn Sa’d dijo: “No seas uno con dos caras y dos lenguas, haciendo un espectáculo para que la gente te alabe mientras tu corazón es malo”.

Los más grandes musulmanes jamás se comportaron con un espíritu tan malévolo. Tampoco consiguieron nada con exhibiciones ostentosas de piedad. En lugar de ello, fueron grandes debido a su sinceridad, honestidad y buena voluntad. Como dijo Fudail Ibn ‘Iyad: “Aquellos que lograron [grandeza] no lo hicieron, desde nuestro punto de vista, con una gran cantidad de ayunos y oraciones. Lo lograron, en nuestra opinión, con el espíritu de generosidad, pureza de corazón y sinceridad para con la comunidad”.

Conclusión

La sinceridad, la honestidad y la buena voluntad son virtudes esenciales en las enseñanzas islámicas. Deben guiar nuestro comportamiento en todos los niveles: con Al‑lah, con la gente y con nosotros mismos. Nuestro objetivo más importante es facilitar y fomentar la sinceridad hacia Al‑lah, por medio de la persuasión y el buen ejemplo, pues la fe exhibida por coacción o en estado de hipocresía no tiene valor alguno. Los ciudadanos honestos contribuyen a la salud de sus sociedades al cumplir sus deberes y hablar valientemente la verdad acerca de los problemas sociales. La honestidad siempre es valiosa, incluso si está equivocada. La buena voluntad abarca la ética de la reciprocidad y la igualdad de trato, sentando un precedente para la reconciliación política entre las naciones del mundo. Sobre esta base, podemos lograr una comprensión de los derechos humanos y la dignidad en todas las religiones y culturas. Pero lo más importante es que estas virtudes son obligaciones que debemos cumplir interior y exteriormente, si queremos que se nos conceda la salvación y se nos admita en el Paraíso.

El éxito proviene de Al‑lah, y Al‑lah sabe más.