Dimensiones y ámbitos de la justicia en el Islam (parte 3 de 7)

La justicia en la política

Los eruditos musulmanes, del pasado y del presente, coinciden que, cualquiera que sea el concepto de política y politeia (la sociedad política), uno de los principales deberes de su dirigente, su líder, su gobernante, es tratar a la gente con justicia; hacer su mejor esfuerzo para proteger sus derechos, para garantizar su bienestar, ver que tengan justicia y juzgar con justicia entre ellos.  

Dirigiéndose a su último Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él,  Al-lah Dice: {Por esto [¡Oh, Muhammad!], exhorta [a aceptar el Islam] y obra rectamente como te fue ordenado, y no sigas sus deseos [de abandonar la difusión], y diles: Creo en los Libros [anteriores] que Al-lah reveló, y me fue ordenado ser justo con vosotros [al juzgaros]} [Corán 42:15]. También dice: {¡Oh, David! Te hemos puesto como representante Nuestro en la Tierra; juzga con equidad entre los hombres y no sigas tus pasiones [cometiendo injusticias al juzgar], pues ellas te desviarán del sendero de Al-lah; y quienes se desvíen del sendero de Al-lah sepan que recibirán un severo castigo por haberse olvidado del Día del Juicio} [Corán 38:26]. 

Ibn Taimiah, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo de esta aleya: “Esta aleya manda (a los musulmanes) a entregar las encomiendas a sus legítimos dueños y a juzgar con justicia. Estos dos (comportamientos) son, de hecho, todo lo que se necesita para una administración justa y competente y un gobierno responsable”. 

Al Mawardi escribe en su famoso libro Al Ahkam As-Sultaniah: “De los asuntos públicos, (el gobernante) debe supervisar personalmente y obtener información de primera mano sobre las circunstancias generales para mejorar la situación de los musulmanes y proteger la práctica religiosa. No debe confiarse ciegamente o delegar a otros para tal objetivo mientras se dedica a los actos rituales o placeres vanos. Esto es así pues una persona confiable también puede actuar traicioneramente y un consejero sincero también puede engañar”. 

Con respecto a los asuntos que no puede supervisar por sí mismo, él puede designar gente calificada y competente que sean fuertes y confiables para cumplir con su misión, tal como Al-lah dice: {Una de ellas dijo: ¡Oh, padre! Contrátalo, pues qué mejor que contratar a un hombre fuerte y honesto} [Corán 28:26]. El Profeta Yusuf, la paz sea con él, dijo dirigiéndose al rey de Egipto, según nos informa el Corán: {Dijo [José]: Nómbrame administrador de los almacenes [de semillas] del país, que yo en verdad soy un guardián conocedor}  [Corán 12:55] es así que un gobernante debe designar solo a los que posean estas dos cualidades. 

Los eruditos musulmanes han establecido que Al-lah impuso a los gobernantes entregar los cargos de responsabilidad a los que son más capaces de cumplir de forma eficiente y apropiada. Una persona con autoridad no debe favorecer a nadie, ni siquiera a sus familiares o amigos. Ibn Taimiah, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo: “El gobernante solo debe nombrar a los mejor calificados y competentes para las posiciones que atiendan los intereses de los musulmanes”. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él,  dijo: “Quien está a cargo de los asuntos de los musulmanes y nombra a alguien para alguna responsabilidad a sabiendas de que hay otra persona más competente para servir a los musulmanes, ha traicionado la confianza de Al-lah y Su Mensajero”.   

Por lo tanto, uno debe esforzarse buscando a los que tienen méritos para estar a cargo (sobre los musulmanes de cualquier modo), ya sean gobernantes, representantes, gobernadores, jueces, comandantes militares, oficiales de alto o bajo rango, ministros o secretarios del Estado y así sucesivamente. Cada uno de estos, a su vez debe designar solo a los que son competentes para realizar su trabajo de forma eficiente, ya sean imames de las mezquitas, muecines, recitadores del Corán, maestros, encargados del Hayy, carteros, tesoreros, guardias u oficiales. 

Un musulmán en cualquier cargo de autoridad −incluyendo la autoridad de un padre o una madre sobre sus hijos− debe establecer la justicia. Pero esto a veces no es suficiente, pues nuestro desempeño no llega a todos los ámbitos prácticos y nos vemos en necesidad de delegar funciones a personas de que tal vez no tengan el mismo celo en la práctica de la justicia o no tengan temor de Al-lah para tal fin. 

Por este motivo es que uno también debe inspeccionar el desempeño de sus representantes o subordinados para asegurarse que la justicia se practica y que todas las tareas se realizan apropiadamente. Todos serán responsabilizados en Día del Juicio por sus injusticias contra la gente (musulmanes o no) y los animales. Omar Ibn Al Jattab, que Al-lah esté complacido de él, dijo: “Si uno de mis gobernadores fue injusto con alguien y yo me entero del incidente sin hacer nada al respecto, entonces, de hecho, soy yo quien ha sido injusto con él”. 

El Imam Al Gazali, que Al-lah esté complacido con él, dijo también, dirigiéndose a un sultán: “No debes contentarte con evitar la injusticia tú mismo; más bien, debes instruir a tus siervos, compañeros, gobernadores y ministros para que no sean injustos, pues tú serás responsable [en el Día del Juicio] por sus injusticias así como serás responsable por tus propias injusticias”.