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Dimensiones y ámbitos de la justicia en el Islam (parte 4 de 7)

La justicia como igualdad ante la ley 

 La Ley Islámica vino para establecer la justicia, como Al-lah dice: {Por cierto que enviamos a nuestros mensajeros con las pruebas evidentes. Y hemos hecho descender con ellos el Libro y la balanza de la justicia, para que los hombres sean equitativos} [Corán 57:25]. Comentando esta aleya, Ibn Taimiah dijo en su libro As-Siasah Ash-Shar’iah: “La principal razón detrás del envío de mensajeros y mensajes divinos es establecer la justicia con relación a los derechos de Al-lah y los de las personas. Al-lah dice: {Hemos hecho descender el hierro, en él hay un gran poder y beneficio para los hombres. A fin de que Al-lah sepa quiénes combaten sinceramente por Su causa y la de Sus mensajeros. Al-lah es Fortísimo, Poderoso} [Corán 57:25]. Por lo tanto, quien persistentemente se aleja del Libro será rechazado con (la fuerza) del acero. Es por este motivo que la práctica religiosa es apoyada por el Libro y por la espada”. 

De aquí mismo deriva el derecho de los jueces de administrar justicia coercitivamente entre la gente y de solucionar las disputas mostrándoles el juicio de la ley e imponiéndolo sobre ellos si se resisten o persisten en la violación de la ley. 

La evidencia que sustenta el acto de juzgar entre la gente con justicia viene del Corán y de la Sunnah, pero nos limitaremos aquí a presentar las siguientes evidencias: Al-lah dice: {Y si juzgas entre ellos, hazlo con equidad. Al-lah ama a los justos} [Corán 5:42]; y dice: {Y que cuando juzguen entre los hombres lo hagan con equidad} [Corán 4:58]. 

A la vez que Al-lah nos ordena administrar justicia, nos prohíbe seguir deseos vanos al ser injustos o dejarse guiar por la simpatía o la antipatía, o considerar factores de parentesco o status social a favor de los privilegiados, pues todo esto lleva al prejuicio y la opresión, como Al-lah dice: {¡Oh, creyentes! Sean realmente equitativos cuando den testimonio por Al-lah, aunque sea en contra de ustedes mismos, de sus padres o parientes cercanos, sea [el acusado] rico o pobre, Al-lah está por encima de ellos. No sigan las pasiones ni sean injustos. Si dan falso testimonio o rechazan prestar testimonio [ocultando la verdad], sepan que Al-lah está bien informado de cuanto hacen} [Corán 4:135]. 

El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, también dijo: “Los jueces son de tres tipos: un grupo será admitido en el Paraíso, mientras que los otros dos serán arrojados al fuego del Infierno. El tipo de juez que será admitido en el Paraíso es un hombre que reconoce la verdad y emite su veredicto de acuerdo a ella. La persona que reconoce la verdad, pero se aparta de ella al dar su veredicto, entrará al Infierno. El hombre que juzga y emite veredictos sobre las disputas de la gente siendo ignorante del caso también entrará al Infierno” (Abu Dawud). También dijo, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam: “Al-lah está con el juez siempre que no sea injusto. Pero cuando es injusto, lo deja y el demonio se le pega” (At-Tirmidhi). 

‘Aisha, que Al-lah esté complacido con ella, relató que los Quraish estaban muy preocupados por una mujer del distinguido clan de Bani Majzum que había robado, y dijeron: “Nadie puede hablarle (a favor de la mujer) al Mensajero de Al-lah y nadie se anima de hacerlo sino Usamah, el preferido del Mensajero de Al-lah”. Cuando Usamah, que Al-lah esté complacido de él, le habló al Mensajero de Al-lah sobre tal asunto, él dijo: “¿Intercedes ante uno de los castigos prescritos por Al-lah?”, entonces se paró y se dirigió a la gente así: “¡Gente! Las naciones antiguas acostumbraban a dejar libres a los nobles que robaban y acostumbraban a cortar (la mano) al humilde que robaba. ¡Aunque fuese Fátima (hija del Profeta, sal-la Al-lahu ‘alaihi wa sal-lam) le cortaría la mano!” (Al Bujari y Muslim). 

La gente habla muchos sobre las sentencias “draconianas” de la Ley Islámica (que por mucho sobrepasan las leyes contemporáneas de prisión, etc.) pero dicen poco sobre el cruel prejuicio y parcialidad que favorece a los ricos y notables, y es la regla en las cortes del mundo actual. El punto básico de este incidente del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, y su práctica judicial, muestra claramente que el Islam no se parcializa por nadie, sin importar quién sea, sin importar su color, su posición social, su parentesco ni otros factores que puedan diferenciar a una persona de otra. La historia islámica está llena de brillantes ejemplos de gobernantes justos y jueces que administraban justicia entre la gente y resolvían sus disputas sin importar su posición social, su raza o su religión. 

La historia registra esta impresionante anécdota que merece el respeto de las instituciones judiciales a través de los tiempos y en todos los países. El Califa ‘Ali Ibn Talib, que Al-lah esté complacido con él, se paró lado a lado con su oponente judío, que había robado su escudo, en términos de igualdad. El juez, Shuraih, no permitió que su gran respeto por el Califa le impidiera exigirle presentar su evidencia de que el judío había robado su escudo. Cuando el Califa no pudo comprobar que el judío le había robado, el juez dictó sentencia a favor del judío y contra el Califa. En admiración por la justicia del Islam, el judío anunció públicamente que abrazaba el Islam y dijo que el escudo era de hecho de ‘Ali, y que él lo había tomado luego de que ‘Ali lo perdió durante una noche. ‘Ali le ofreció el escudo como regalo luego de saber la buena nueva de que había abrazado el Islam. 

La historia del Islam está llena de ejemplos de que nadie estaba por encima de la Ley Islámica y que todos los musulmanes, gobernantes y gobernados, eran iguales ante la ley. ‘Umar Ibn Al Jattab, que Al-lah esté complacido de él, dijo una vez: “Yo no he enviado a mis colectores (del Zakat) para golpearlos y quitarles sus pertenencias. Si eso le ha sucedido a alguien y presenta su caso ante mí, le daré su derecho”. ‘Amr Ibn Al ‘As, que Al-lah esté complacido de él, respondió: “Si un hombre (una autoridad) ejecuta un castigo sobre uno de sus súbditos, ¿lo castigarías tú a él en retribución?”. “Sí. ¡Por aquel que tiene mi alma en Su mano! ¡Le garantizo que lo castigaré! Yo vi al Mensajero de Al-lah garantizar que lo castigaría él mismo”.