Al Madinah Al Munawwarah (parte 4 de 4)

La Masyid (Mezquita) del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam

Lo primero que el visitante ve al entrar en Medina es la Mezquita del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, con sus 10 elevados minaretes.

Es la segunda mezquita más sagrada en el Islam, y una de las tres mezquitas en todo el mundo a las que se puede viajar específicamente para visitarlas. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “No emprendan viaje a ninguna mezquita (esperando conseguir bendiciones o una recompensa especial por las oraciones ofrecidas en ella) fuera de las tres mezquitas: Al Masyid Al Haram (en Meca), Al Masyid Al Aqsa (en Jerusalén) y mi Masyid” [Bujari].

El Imam Al Bujari, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, también narró que el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, indicó que la recompensa por realizar una sola oración en ella es superior mil veces a la que se alcanzaría rezando en otras mezquitas, excepto la Sagrada Mezquita de La Meca. Si se encuentra presente en esta mezquita realizando las oraciones nocturnas durante el mes de Ramadán o la temporada del Hayy (o en otras ocasiones), podrá percibir que cada vez que se hace la llamada a la oración, más de medio millón de hombres y mujeres se ponen de pie alineándose, dirigiendo sus rostros hacia la Qiblah; en ese momento usted se dará cuenta de que estos cálculos (sobre la recompensa multiplicada) no son una exageración.

Después de llegar de Meca y haberse pasado unas semanas en la mezquita de Quba’, en el área de Al ‘Ulaiah, en las afueras de la ciudad de Medina, el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, decidió buscar un lugar más apropiado para construir una mezquita más grande, así como un lugar donde pueda vivir con su familia. Siendo que todas las tribus querían tener el honor y abiertamente ofrecían sus terrenos gratuitamente, pero el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, no quería que pareciese que favorecía a alguna tribu sobre la otra, por lo tanto, les informó que montaría su camella y que adonde ella decidiera sentarse, ese sería el lugar donde se construiría la Mezquita. La camella se detuvo y se sentó en un pedazo de tierra que pertenecía a dos huérfanos. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, le pidió a Abu Baker, que Al-lah esté complacido con él, que les comprara el terreno. Inmediatamente después de la compra, el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, diseñó la Mezquita y participó en su construcción junto con los demás musulmanes. Mientras que la mezquita y la residencia del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, estaban bajo construcción –lo cual tomó más de un mes– el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, fue huésped del Sahabi originario de Medina Abu Aiub Al Ansari, que Al-lah esté complacido con él.

Una vez terminada la mezquita tenía la forma de un rectángulo, cuyo largo iba de norte a sur y su ancho de este a oeste, y su área era de más o menos 1.050 metros cuadrados. La parte frontal del edificio tenía sesenta metros de ancho. Hoy en día podemos ver en esta sección de la mezquita, en el área este, el famoso domo verde y un minarete cuadrado de mediana altura. Por encima de la sección oeste del edificio hay un minarete cilíndrico, también de mediana altura, y varios otros domos pequeños y plateados. Los dos minaretes mencionados son de menor tamaño que los demás y su forma y diseño son diferentes también, pues fueron construidos en épocas pasadas.

La primera mezquita no tenía minaretes porque la llamada a la oración (Adhan) aún no había sido prescrita. La mezquita tenía tres puertas, y una de sus secciones contaba con un techo simple hecho de hojas de palmera, debajo del cual estaba As-Suffah, lugar que servía como residencia para aquellos discípulos, que Al-lah esté complacido con todos ellos, que no eran de Medina y que no tenían dónde más vivir. Conforme el número de discípulos hospedados en As-Suffah iba aumentando, se los fue relocalizando en diferentes casas de hospedaje alrededor de la ciudad.

La Mezquita se convirtió en el centro de la vida de Medina, y el lugar donde todos los asuntos de interés público eran tratados.

La primera ampliación de la mezquita tuvo lugar en el séptimo año de la Hiyrah. Después de la batalla de Jaibar, la Mezquita fue expandida hasta que su área excedió los 2.500 metros cuadrados. Las restauraciones y ampliaciones a la Mezquita continuaron a través de los años, siendo la más reciente y más importante la empezada 20 años atrás y que aún continúa.

Virtudes especiales de la oración en la Mezquita del Profeta

Si uno entra desde la Puerta de Yibril (Bab Yibril), a pocos metros se encontrará con Ar-Rawdah Ash-Sharifah (el jardín honrado y purificado), que es el área comprendida entre la habitación que hospeda la tumba del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, y sus amados discípulos Abu Baker y ‘Umar, que Al-lah Esté complacido con ambos, y el púlpito del Profeta.

A la derecha y cercano a la Rawdah, podemos encontrar el Mihrab o el lugar donde el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, rezó postrándose ante Al-lah durante todos sus años de permanencia en Medina. Rezar en Ar-Rawdah es muy recomendable. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “Entre mi casa y el Minbar (púlpito) hay un jardín de los jardines del Paraíso” [Bujari y Muslim].

También se recomienda mucho realizar en ella otras formas de adoración, como la recitación del Corán y las súplicas y recordaciones (Du’a y Dhiker). Sin embargo, uno debe tener siempre en mente que el lugar es limitado y que, por lo tanto, debemos ser corteses y permitir a los demás la oportunidad de disfrutar las bendiciones.

En Ar-Rawdah, escuchar la espléndida y solemne recitación del Qur’an, las suavemente murmuradas palabras de súplica y observar a la gente en un profundo estado de contemplación alejado de las cosas materiales, es simplemente sobrecogedor. Esto –junto al hecho de tener en mente que, por más de 1.400 años, miles de Sahabas, que Al-lah esté complacido con ellos, así como incontables miles o millones de eruditos y buenos musulmanes han acudido a la Mezquita del Profeta deseosos de estar en ese mismo lugar– hace que muchos sientan la intensidad de la presencia profética, embargados por el respeto. Es un momento en que la persona se siente realmente humilde y le cuesta realmente resistir las lágrimas.