La súplica del empoderamiento

¿Alguna vez has tenido preocupaciones que te mantuvieron despierto toda la noche? ¿O miedos que te hayan causado pesadillas? ¿Alguna vez te has sentido limitado por tus debilidades? Entonces considera lo siguiente:

La mayoría de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo con preocupaciones. La preocupación toma de nuestro tiempo; y ahí nos encontramos, en un estado negativo, y luego empezamos a aplazar compromisos porque no hallamos motivación para hacer lo que debemos hacer. Fuera de esto, la mayoría de la gente se hallan atascados en sus limitaciones, y en sus percepciones de la realidad. No se atreven a pensar fuera de los patrones comunes. ¿Conoces a los elefantes? Los elefantes bebés son atados a estacas, por las personas que los capturan, desde que son pequeños. Ellos crecen creyendo que no tienen la capacidad para soltarse de esa estaca, a pesar de que cuando son adultos son capaces incluso de cargar árboles. Aprendieron desde pequeños que, una vez atados a la estaca, no pueden moverse. Un elefante de tres toneladas se convence de que esa pequeña estaca lo puede restringir, y así es como vivimos nuestras vidas.[1]

Todos tenemos estacas que nos atan al suelo. Cosas que nos constriñen y que nos obligan. Cosas que restringen nuestra libertad. La libertad en su sentido verdadero es uno de los más grandes regalos que Al-lah nos ha dado, así que sería muy imprudente de nuestra parte dejárnosla quitar por Shaiṭán y sus trucos.

El comienzo del empoderamiento se halla en la búsqueda de refugio en Al-lah de nuestros miedos y debilidades, buscando una solución. Debemos recordar que no podemos dejar que nuestras emociones, las situaciones u otras personas nos controlen. El control verdadero se halla en última instancia en las manos de Al-lah y tenemos que poner nuestra confianza en Él.

Fue narrado por Abu Said Al Judri que el Mensajero de Al-lah entró en la mezquita y vio a un hombre entre los Anṣar llamado Abu Umamah. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) preguntó: “¿Qué ocurre? ¿Por qué estas sentado en la mezquita cuando no es la hora de la oración?” Abu Umamah respondió: “Preocupaciones sin fin y deudas, oh, Mensajero de Al-lah”. El Mensajero de Al-lah luego preguntó: “¿Quieres que te enseñe unas palabras que, si las dices, Al-lah quitará tus preocupaciones y Se ocupará de tus deudas?” Él respondió: “Sí, por supuesto, Mensajero de Al-lah”. Dijo: “Di por la mañana o por la tarde: Oh, Al-lah, busco refugio en Ti de la ansiedad y la tristeza, de la debilidad y la pereza, de la avaricia y la cobardía, del peso de las deudas y de ser dominado por los hombres”.

أللّهمّ إنِّي أعُوذُ بِكَ مِنْ الهَمِّ وَالحُزْن وَالعَجْز والكَسَل وَالبُخْل وَالجُبْن وَغَلَبَة الدَيْن وَقَهْر الرِجَال

Abu Umamah dijo: “Cuando hice esa súplica, Al-lah quitó mis preocupaciones y Se ocupó de mis deudas” (Abu Dawud).

La primera vez que leí esta súplica supe que era exactamente lo que necesitaba; y mirando detenidamente las dificultades mencionadas en la súplica, puedo apreciar qué tan amenazantes pueden ser.

La ansiedad

Es muy fácil comenzar a preocuparse: el miedo sobre el futuro y lo que nos puede traer, el pensar “pero y si…”. La ansiedad nos llega cuando nos sentimos inseguros o fuera de control sobre una situación, pero ¿acaso realmente podemos decir que controlamos algo fuera de nuestra actitud? Solo Al-lah conoce lo que depara el futuro y debemos poner nuestra confianza en Él.

{Si Al-lah te azota con una desgracia, nadie excepto Él podrá librarte de ella; y si te concede un bien, nadie podrá impedir que te alcance. Al-lah concede Su gracia a quien quiere de Sus siervos. Él es el Absolvedor, el Misericordioso.} [Corán 10:107]

La tristeza

Lo que sea que poseamos en este mundo no es más que una bendición temporal: nuestras familias, nuestro capital y nuestras posesiones, nuestra salud y nuestros talentos. Sin embargo, algunas veces nos apegamos extremadamente a nuestras posesiones y estas nos llegan a poseer, y no al contrario. Luego, cuando esas cosas nos dejan, se nos rompe el corazón. Es este tipo de dolor del que debemos buscar refugio; y debemos confiar en que, si dejamos de poseer bienes en este mundo, es porque es lo mejor para nosotros en realidad, para que así reflexionemos y regresemos a nuestro Señor.

{Los pondremos a prueba con algo de temor, hambre, pérdida de bienes materiales, vidas, y frutos. Pero albricia a los pacientes.} [Corán 2:155]

La debilidad

Nuestra inhabilidad para hacer algo puede ser real, como cuando sabemos a ciencia cierta que somos incapaces de hacer alguna cosa (como nadar, por ejemplo), pero en muchas ocasiones la debilidad no es algo objetivo. Creemos que somos débiles y eso nos impide realizar ciertas cosas y se convierte esto en una excusa para no intentarlo con más ahínco. Frecuentemente es el mundo a nuestro alrededor lo que nos hace sentir inferiores o débiles. Nos comparamos con otros y nos sentimos incapaces de hacer cosas significativas a los ojos de los demás. La verdadera fortaleza, sin embargo, proviene de nuestro corazón, y si nos sentimos humillados por los demás no es más que porque nosotros permitimos que nos sintamos así. Al-lah nos dice: {No se desanimen ni entristezcan, porque los que tendrán el éxito finalmente serán los creyentes} [Corán 3:139].

La pereza

La pereza se halla muy estrechamente conectada con el sentimiento de debilidad, porque ambas nos impiden realizar lo que deseamos. Nos sentimos perezosos cuando alguna tarea se nos hace muy difícil o no lo suficientemente emocionante, y entonces aplazamos lo que tenemos que hacer. La clave para sobreponerse a la pereza es reevaluar nuestras prioridades y pedirle a Al-lah que nos haga perseverantes y fuertes. Si realmente creemos que levantarnos temprano a hacer nuestra oración es mejor que dormir, seremos capaces de sobreponernos a la pereza y simplemente lo podremos realizar. Si realmente estamos convencidos de que dominar la lengua árabe nos acercará más a Al-lah, la estudiaremos, aunque sea difícil para nosotros. Un corazón puro y una intención sincera son la clave.

{Sepan que sus donaciones no son aceptadas porque no creen en Dios ni en su Mensajero. Ellos realizan la oración con desgano y hacen donaciones con desgano.} [Corán 9:54]

La avaricia

Todos sabemos que el ser generoso es importante y beneficioso para nosotros como también para la sociedad. Todos admiramos la generosidad en los demás; pero cuando se trata de nosotros, demostrar generosidad se nos hace difícil. Vemos obstáculos o nos prometemos ser generosos, pero luego lo olvidamos. Shaiṭán nos amenaza con la pobreza y obedecemos a nuestro ego, amasando riqueza y preocupándonos por que no se gaste. Sin embargo, cualquier bien que tengamos proviene de Al-lah; y lo que sea que gastemos (cubrir gastos familiares, dar en caridad, pagar nuestro zakat, o invertir en gastos de educación islámica) constituye en realidad la mejor inversión. Esta vida es temporal y lo que sea que ganemos en ella también lo es. Pero el Ájira es eterno, y lo que sea nuestro destino en la otra vida estará para siempre con nosotros.

{Diles: “Mi señor aumenta el sustento a quien Él quiere de Sus siervos y lo restringe [a quien quiere], y todo lo que gasten en caridad Él se los compensará. Él es el mejor de los sustentadores”.} [Corán 34:39]

La cobardía

El miedo es probablemente una de las herramientas más efectivas de Shaiṭán. El miedo nos desalienta e impide nuestro progreso personal: le tenemos miedo a la pobreza y nos volvemos avaros. Tememos la falta de aprobación de los demás y terminamos amoldándonos a la sociedad en general y dándole menos peso a nuestras creencias. Tememos por nuestra seguridad personal y esto nos impide hacer lo correcto. Necesitamos coraje; sobreponernos a nuestros miedos no es sencillo, pero confiar en Al-lah y pedirle que quite nuestros miedos son herramientas poderosas en contra de los engaños del diablo. Un verdadero creyente no teme a nada ni a nadie sino solo a Al-lah.

{El demonio los atemoriza con la pobreza y les ordena hacer lo que es inmoral, mientras que Dios les promete Su perdón y Su generosidad. Dios es el Más Generoso, todo lo sabe.} [Corán 2:268]

El peso de las deudas

Una deuda es una obligación a ser cumplida, y se nos aconseja evitar las deudas tanto como sea posible. Lo más peligroso de tener deudas es que nos hacemos esclavos de ellas. El Profeta constantemente Le pedía a Al-lah que lo protegiese de las deudas. Fue relatado por Aisha (que Al-lah este complacido con ella), que cuando alguien le preguntaba por esto él contestaba: “Cuando un hombre tiene deudas, habla y dice mentiras, y hace promesas que rompe” (Bujari).

Siempre debemos gastar sabiamente y estar satisfechos con lo que tenemos, para estar libres de dificultades financieras que puedan llevarnos a pedir préstamos.

{No seas avaro ni tampoco derrochador, porque te verás censurado [en el primer caso] y arruinado [en el segundo]} [Corán 17:29]

El dominio de los hombres

Al-lah es nuestro único Señor y debemos buscar agradarle siempre, obedecerlo y temerle solo a Él. Islam significa someter nuestras acciones y nuestras vidas a Al-lah, y ser capaces de hacerlo para estar en libertad, libertad de la subyugación a alguien o a algo, especialmente de las trampas de Shaitán. La libertad más grande es ser un siervo del Malik Al Mulk (el Legislador Supremo, el Soberano).

{¡Exaltado sea Dios! El único Soberano real, no hay otra divinidad salvo Él, Señor del Noble Trono.} [Corán 23:116]

Que Al-lah nos libere de percepciones que nos limiten esclavizándonos a nuestras preocupaciones, y en cambio que nos permita solo ser siervos Suyos. Amín.

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[1] AbdelRahman Mussa, Whims-I-Kill’ tazkiyah,curso en: https://ipersonalenrichment.com/1a/. Ver también: http://www.huffingtonpost.com/rabbi-steven-carr-reuben-phd/what-baby-elephants-can-teach-us-about-human-freedom_b_2452099.html


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