Yihad como defensa: La teoría de la guerra justa en el Corán y la Sunnah (parte 3 de 4)

Por Justin Parrott

Muchos juristas y eruditos no aceptaron el argumento de que las aleyas de la espada abrogaron las aleyas que instan a la paz. Incluso aquellos que afirmaron que las aleyas pacíficas fueron “abrogadas” no necesariamente quisieron decir, en su terminología técnica, que hubieran sido canceladas ni mucho menos negadas por completo.

Según el jurista clásico Ibn Rayab (muerto en 1393), el uso de la palabra “abrogación” (nasj) por las primeras autoridades, a menudo no significaba cancelación. Más bien, quería decir que las aleyas posteriores aclararon, explicaron y, a veces, proporcionaron excepciones a las reglas generales establecidas en las aleyas anteriores: “El significado de la palabra ‘abrogación’ es la explicación al (baian) y la aclaración (al iḍaḥ). De hecho, los predecesores rectos (as-salaf) a menudo usaron la palabra abrogación en este sentido”.

En el caso de Surat At-Tawbah, muchas aleyas alientan a los musulmanes a perdonar y a soportar pacientemente su persecución. Solo después de que la persecución se hizo intolerable fueron reveladas estas aleyas de espada como excepciones a la regla general del perdón, no para que la guerra fuera la regla general en sí misma.

Respondiendo a las evidencias textuales

Como hemos visto, una gran cantidad de evidencia en los textos islámicos puede ser presentada en apoyo a los principios de ius ad bellum, y podrían haberse presentado más aquí si no fuera por las limitaciones de espacio.

La refutación típica de este material por parte de los activistas antimusulmanes y de los musulmanes extremistas, notamos, fue una apelación a la doctrina de la abrogación, que ellos consideran erradamente que significa cancelación. Las aleyas, las tradiciones y las declaraciones de los juristas son, a menudo, citadas de forma aislada, sin contexto, para apoyar sus afirmaciones injustificadas. Se deben examinar algunas “evidencias textuales” utilizadas de esta manera.

Una aleya, en la superficie, parece alentar la guerra contra los judíos y los cristianos, por su falta de fe en el Islam: {Luchen contra quienes no creen en Dios ni en el Día del Juicio, no respetan lo que Dios y Su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión [el Islam] de entre aquellos de la Gente del Libro [que los hayan agredido], a menos que acepten pagar un impuesto con humildad} [Corán 9:29].

Un principio importante de la exégesis coránica es considerar las “causas de la revelación” (asbab an-nuzul) cuando se deriva el significado de un texto. En otras palabras, tenemos que examinar el contexto histórico.

Según At-Ṭabari (muerto en 923), esta aleya fue revelada antes de la batalla de Tabuk.[36] La razón de la expedición de Tabuk fue el asesinato de uno de los embajadores del Profeta a manos de un aliado romano, lo que llevó a la batalla de Mu’tah.

Según el jurista clásico Ibn Al Qaiem (muerto en 1350), los romanos cometieron los primeros actos de guerra que llevaron a los enfrentamientos en Mu’tah y Tabuk: “La causa de la batalla fue que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), envió a Ḥariz Ibn Umair Al Azdi de la tribu de Lihb con su carta a Siria para el rey romano de Buṣra. Él la presentó a Sharḥabil Ibn ‘Amr Al Ghassani y este lo ató y lo golpeó en el cuello. Jamás un embajador del Mensajero de Dios había sido asesinado antes. [El Profeta] estaba molesto por ello cuando le llegaron las noticias, y envió una expedición” (Ibn Al Qaiem, Zad Al Ma’ad, vol. 3, p. 336).

Este incidente deja claro que las relaciones pacíficas con los romanos no eran posibles en esa época. De ahí que la aleya 9:29 fuera revelada en respuesta, de acuerdo con las reglas en aleyas previas.

La mayoría de los eruditos no consideraron que la incredulidad en el Islam fuera, en sí misma, una casus belli o justificación para la guerra. Ibn Al Qaiem informó sobre la opinión de dichos juristas: “El combate solo es necesario para enfrentar la guerra y no para enfrentar la incredulidad. Por esta razón, las mujeres y los niños no son asesinados, ni los ancianos, los ciegos ni los monjes que no participan en la lucha. Al contrario, solo luchamos contra aquellos que nos hacen la guerra. Este fue el camino del Mensajero de Dios (Dios lo bendiga) con la gente de la Tierra. Luchó contra aquellos que le declararon la guerra, hasta que ellos aceptaron su religión o propusieron un tratado de paz o quedaron bajo su control pagando tributo” (Ibn Al Qaiem, Aḥkam Ahl Adh-Dhimmah, vol.1, p.110).

A la luz de esto, la aleya 9:29 no puede, razonablemente, ser utilizada como prueba de un Islam violento.

Otro hadiz citado para hacer que el Islam parezca violento es el siguiente: “Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que digan que no hay Dios sino Al-lah” (Bujari).

De nuevo, una lectura superficial, sin contexto, causará una mala interpretación inquietante. Otras versiones de esta tradición incluyen aspectos calificativos que restringen a “la gente” que debe ser combatida. ¿Quiénes son, exactamente, esas personas? ¿Por qué el Profeta dijo esto?

En la narración de Anas Ibn Malik (muerto en 709), el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo que se le ordenó combatir a “los idólatras”, lo que excluiría a los judíos, cristianos y a la Gente del Libro (Sunan An-Nasa’i). Según el exégeta clásico Ibn Kazir (muerto en 1373), esta afirmación se refiere a los idólatras mencionados en la aleya 9:5, quienes habitualmente violaban la paz (Ibn Kazir, Tafsir Al Qur’an Al ‘Aẓim , vol. 4, p. 111). Entonces, la frase “la gente” no significa la gente en general.

De hecho, el erudito An-Nasa’i (muerto en 915) utiliza este hadiz como evidencia de la prohibición del derramamiento de sangre (taḥrim ad-damm), como un mandato para acabar el derramamiento de sangre, no para iniciarlo. La “gente” que debe ser combatida, en esta lectura, es aquella que comete agresión y obstruye por la fuerza que otros acepten el Islam.

Este entendimiento fue expresado por Ibn Taimiah en sus comentarios sobre el hadiz: “El significado de este hadiz es combatir a aquellos que están librando una guerra y a quienes Dios nos ha llamado a combatir, lo que no significa luchas contra quienes han hecho la paz, con quienes Dios nos ha ordenado que aceptemos sus tratados de paz” (Ibn Taimiah, Maymu’ Al Fatawa, vol. 19, p. 20).

Más aún, la narración de Jabir (muerto en 697) agrega que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) recitó, inmediatamente después de su afirmación, las siguientes aleyas: {Exhorta a la gente porque esa es tu misión. No puedes obligarlos a creer} [Corán 88:21-22] (Muslim).

Las primeras autoridades musulmanas, como el compañero Sa’id Bin Zaid (muerto en 671), entendieron que estas aleyas prohibían la coerción en la religión: {… no se puede forzar a nadie a creer…} [Corán 2:256].

Las aleyas mitigan la declaración inicial y niegan la afirmación de que el propósito de la lucha sea forzar las conversiones al Islam. Ibn Al Qaiem rechazó cualquier afirmación de que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hubiera jamás obligado a alguien a aceptar el Islam: “[El Profeta] nunca impuso a nadie la religión, sino que solo combatió a quienes le hicieron la guerra y lucharon primero contra él. En cuanto a los que hicieron las paces con él o propusieron una tregua, él jamás los combatió y nunca los obligó a entrar a su religión, pues su Señor Todopoderoso le había ordenado: {Una vez establecida la diferencia entre la guía correcta y el desvío no se puede forzar a nadie a creer} [2:256)].

Por lo tanto, la orden de combatir a “la gente” se refiere específicamente a personas en circunstancias particulares, no permite la conversión por la fuerza. Luchar contra ellos hasta que declaren el testimonio de fe implica la norma de que la aceptación del Islam por parte del enemigo acabaría de inmediato con la batalla, entre otros medios posibles para detener las hostilidades.

 

Continúa en la siguiente parte (4 de 4)…


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